Desciende de tus ojos, deshazte de tus manos
abdica de tu voz, despoja tus oídos,
o ve subir la inmensa roja luna de estío
y caer el sol rojo por el cielo dorado.
Sabe que las palabras y el cielo están vacíos,
que cada movimiento, cada flor son en vano,
que los astros se mueren muy lejos de tus manos
que todo está cansado, saciado de destinos.
Deja que te consuma la vida y entretanto
contempla como nubes, nomás, subir el canto
y caer las palabras como lluvia a tu planta.
Si todo está cansado, saciado de destinos.
Escúchate morir sin elegir caminos
y piensa en lo que eres si eso aún te espanta.
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