lunes, 26 de octubre de 2020

Araceli Mancilla

 Me gusta escuchar a los demás. Hago música, poesía. Eso es la poesía: hacer. Guardo silencio ante las libaciones. Se derrama una copa de vino, se derraman tres, pero no veo al dios. Hoy lo convocan. A eso he venido. Mi música es aire dulce, suspendido e ignorado en el fondo de la conversación. Mi hacer seduce, encubre, sin embargo nadie lo celebra. Si me fuera, si mi música me siguiera igual que una péndola se deja mecer por el azar, estas voces quedarían a la deriva, diciendo cosas trascendentes con aspereza; estrellándose, quebrándose en su sabiduría. No me iré. Vine a conocer al más anciano de los dioses. Año tras año, de boca en boca se habla de él. Fue el primero en ver la luz. De lo que dice y hace hablan estos, para ellos ejecuto mi instrumento.

Jardín

Nubes a la deriva, continentes
sonámbulos, países sin substancia
ni peso, geografías dibujadas
por el sol y borradas por el viento.
 
Cuatro muros de adobe. Buganvillas:
en sus llamas pacíficas mis ojos
se bañan. Pasa el viento entre alabanzas
de follajes y yerbas de rodillas.
 
El heliotropo con morados pasos
cruza envuelto en su aroma. Hay un profeta:
el fresno –y un meditabundo: el pino.
El jardín es pequeño, el cielo inmenso.
 
Verdor sobreviviente en mis escombros:
en mis ojos te miras y te tocas,
te conoces en mí y en mí te piensas,
en mí duras y en mí te desvaneces.

jueves, 22 de octubre de 2020

IV


Al quinto día del invierno,

apareció un hombre que paseaba por 

los montes. Pisaba la hierba antes 

de partirla y devorarla. Arrancaba los

árboles con las manos y movíalos 

parte a parte, 

hoja a hoja los sacudía 

al compás del viento. 

Por las noches se acercaba

al río y sentado en las piedras

miraba largo rato, 

toda la noche, 

larga la noche, 

esperando el amanecer de los 

pájaros y de los niños.


Javier Heraud

Explosión

¡Si la vida es amor, bendita sea!
Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento…
Hoy abre en luz como una flor febea.
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría…
rotas las alas, mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe…
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!

Delmira Agustini