miércoles, 23 de junio de 2021

No puedo olvidarte Elena

No puedo olvidarte Elena

miro tus fotos, tus ojos

tu sonrisa, tus labios

me parece increíble 

que no estés conmigo

después de tantas horas

de amenas palabras doradas

es un silencio que se desborda

incontenible el llanto aflora

camino, escalo, leo, escribo

por un momento regresa la paz

pero inevitablemente tu recuerdo

viene de lo desconocido

me arranca de la realidad

me lleva a las orbitas

de la alegría pero luego

todo se deshace en sangrienta

tormenta de dolor, remordimiento

y sigo sin creer que te fuiste

sigo sin creer que algo paso

entre nosotros tan distantes

entre nosotros tan diferentes

te dedico canciones que no oyes

te escribo poemas que no leerás

imagino una vida contigo que no será

te imagino viajando por la selva

tomados de la mano cruzando ríos

entre una multitud oyendo músicas

besándote debajo de un frondoso árbol

otoñal que las hojas el viento lleva

haciendo el amor en una noche primaveral

en España donde decidimos un día

encontrarnos para romper las distancias

es como un meridiano central de Eros

y allí en el Mediterráneo en un atardecer

declararte mi amor eterno con un ramo

de grandes flores de todos los colores

y entonces vivimos en Moscú un tiempo

me caso contigo para ser ruso

pero no olvido mis raíces ancestrales

recorremos museos y me cuentas

todos los días una buena nueva

de tu vida extraña de largos vuelos

yo por mi parte al anochecer  entre

sabanas gruesas te leeré mis versos

te contare historias antes de dormir

cada día creare nuevos mundos para ti

porque eso fue lo que me hizo este amor

soñar despierto usando hasta el infinito

los mas promiscuos atributos de la imaginación

así que nena si tu no me amas ya mas

no te preocupes amare entre mares tu recuerdo

estoy loco y es por eso que te fuiste 

estoy loco y es por eso que te quedaste

oyendo y riendo cuando inventábamos sueños

erigíamos egregios palacios entre nimbos

nunca nadie como tu logro obrar prodigios

quedan los aullidos en la noches 

cuando la luna se va a descansar

y el sol es solo una promesa

es entonces que esgrimo la pluma

para dialogar con tu alma clara

me tomo ese derecho y lo reclamo

merezco contemplar aquel misterio

no oyes entre las hojas mi nombre?

no despiertas añorando algo perdido?

seguiré en mi empeño de cincelar

una escultura de tu figura pura

me pregunto si podíamos ser normales

o solo este amor floreció por cuenta

de una sinfonía de variados colores

que al irse desvaneciendo cual lenta

marcha de los astros de perfectas orbitas

al mirar hacia abajo el precipicio 

de la realidad todo se torno en dudas

trayendo consigo las duras pruebas

faenas que cansaron la mirada

arrastrando los pies sobre duras

rocas al descender cumbres escarpadas

allí entre los altos circulos

quedo la ofrenda de amor que hice

a una diosa mortal que me dio muerte eterna

Sigue entonces con tu humana vida

continuare creándote una y otra vez


MP


martes, 22 de junio de 2021

MARIANO PICON SALAS VIEJOS Y NUEVOS MUNDOS

 M á s  q u e  s e r , una obra funciona. O el ser de una obra es su funcionamiento:

nunca podemos saber lo que ella es sino por el dinamismo que

despliega, su manera de gestarse y de hacerse a sí misma. Con lo cual

no estoy aludiendo a lo que suele llamarse “evolución” de una obra; por

el contrario, a lo que aludo es a su modo de articularse después de toda

“evolución”. Algo nos impresiona, trazamos sobre el papel unas frases,

esas frases van configurando variados motivos; pasan los años y las páginas:

impresiones, frases y motivos se reencuentran, empiezan a encajar

entre sí, forman su propio dibujo, y ese dibujo nos revela finalmente

un rostro (Borges). Lo imprevisible estaba previsto, pero lo previsto

vuelve a ser sólo virtualidad: errancia y entrecruzamientos de signos.

La mano de un adolescente de diecinueve años escribe, no sin cierta

exaltación, una prosa más o menos “poética” o “ensayística” sobre la

experiencia de Newton al ver caer la manzana y concebir la ley de la

gravitación universal; más de tres décadas después, en 1954, esa misma

mano elabora una penetrante y precisa teoría sobre el ensayo, en que

el ejemplo de Newton adquiere toda su significación metafórica. El adolescente

ha salido de su recatada provincia y llega a la capital donde

reina “el tiempo del desprecio”, de la dictadura; va a estudiar Jurisprudencia,

pero su prudencia lo orienta hacia libros que no son precisamente

de Leyes; empieza a escribir una suerte de Diario en el que

anota sobre todo pasajes de sus nuevas lecturas. Anota frases de Unamuno

sobre la historia o la “intrahistoria” de España; al cabo de otras

tantas décadas le servirán para dar una nueva visión de la historia de

su propio país y proponer otros métodos en la historiografía nacional.

También ha anotado brevísimos apuntes y citas sobre Leonardo de Vinci;

después, en Chile, será profesor de Historia del Arte y publica estudios

sobre su metodología; en 1951, escribirá unos luminosos ensayos sobre

Leonardo y la pintura italiana del Renacimiento \

Suerte de empalmes a larga distancia en el tiempo (el tiempo “telescopado”

de Proust): entre muchos ejemplos de este tipo en Mariano

Picón-Salas, me he detenido sólo en tres porque ya ellos sirven, además,

para despejar algunas de las líneas principales de su obra: el poder de

la intuición en el desarrollo del ensayo, la historia como un modo más

íntimo del ser de los pueblos, la estética como una educación a través

de las formas.

Imágenes incipientes que luego, al reiterarse, se amplían, se hacen

más nítidas y alcanzan como un punto de visualización total: ¿no es a

esto a lo que podemos llamar destino en una obra? Pero hablar de destino

es nombrar también la aventura: esa empresa decidida a que el

hombre se entrega y que, según el azar o los dioses, le depara la ventura

o la desventura.

“El hombre moderno no quiere dejar nada al azar y anhela reducir

a signos numéricos hasta sus propias emociones”, escribirá Picón-Salas

en un ensayo de 1937. Y no es por simple hábito verbal que el vocablo

aventura aparece tan insistentemente en su obra. El más ligero recorrido

por ella nos revela los múltiples valores que le asigna y aun la especial

seducción —que es también vivencia profunda— que siente por él. Ya

en sus manifestaciones más portentosas o más sencillas, se siente que la

aventura es para Picón-Salas lo que marca al hombre en el mundo; a su

vez, aquello con lo que el hombre marca al mundo.

Hecho inicialmente revelador: el adolescente que llega a Caracas en

1919 y ha oído y leído en su ciudad natal las prodigiosas historias de

la “patria grande”, va a encontrarse no sólo con la dictadura sino también

con la sumisión o el refinado cinismo de los intelectuales mayores

para quienes Bolívar había sido un genio errático y los venezolanos no

eran más que descendientes de héroes cansados o depredadores 2. Con

ese impacto espiritual volverá a Mérida y luego tendrá que emigrar

a Chile. Pero esta imagen del conformismo y del desencanto no lo

abandonará, justamente porque se opone a ella. ¿Qué será toda su

obra —narrativa, biográfica, ensayística— sino el intento por rescatar

el original tiempo perdido y así crear una nueva conciencia colectiva

con voluntad de empresa? Como escribe en un ensayo de los años cuarenta:

“Formar pueblo, es decir, integrar nuestra comunidad nacional

en un nuevo esfuerzo creador; trocar la confusa multitud en unidad

consciente”. Y uno de sus últimos ensayos, sobre la historia nacional

desde la Independencia hasta la época contemporánea, se titulará justamente

“La aventura venezolana”. No sólo es la certera síntesis de un

vasto tema; es también, y sobre todo, como una imagen cinética: la reflexión

que se va dibujando e intensificando a través del ritmo verbal

que le da cuerpo. Ritmo verbal: el intento de la memoria por oponer

a la atonía de una historia ya desventurada, el esplendor de otra posible;

la nostalgia que quiere encarnar en el presente para vislumbrar un

futuro. Pues lo que busca sugerir Picón-Salas es que sólo un pueblo

con “aventura” es un pueblo “historiable” —para emplear el término

de Américo Castro, uno de sus maestros en el “arte de historiar”. Pero

la aventura no se opone al discurrir mismo de la vida— hay “la sencilla

aventura de vivir”. Si bien busca la plenitud de la vida, no la confunde

con la simple hazaña o la ambición de poder. No es un privilegio sino

una vocación: ejercer, contra todo determinismo, un anhelo de libertad.

“¿Es que la libertad —se preguntará en Regreso de tres mundos—

es sólo dádiva lejana que nos ofrece un régimen o un momento de la

Historia, o más bien terrible aventura afanosa tan frágil como la vida,

que es necesario salir a ganarse cada día?”.

En otras palabras, la aventura es esa apuesta —ese pari pascaliano—

que todo hombre y todo pueblo tiene que librar para labrarse su destino.

Por ello constituye la prueba espiritual por excelencia y, en la obra de

Picón-Salas, es evocada a través de varias experiencias míticas. Es Odiseo,

que encara todos los avatares y sale ileso hasta reencontrar su Itaca. O

es Gilgamesh que emprende la busca de la imposible inmortalidad y al

final sólo oye la voz de los muertos. O es aun Caín, que rompe con

todos los lazos familiares para abrirse nuevos horizontes. “Hay —dice

el escritor recordando su adolescencia— el complejo de Caín de separarse

del grupo, de aislarnos con nuestro remordimiento o nuestra culpa,

por los caminos que conducen al mal y a la aventura”.

Prueba espiritual, la aventura es igualmente una educación estética.

“Sólo para un cuento que se llama también la Historia, narramos lo que

a nosotros nos pasó. Más que una lección práctica, contar historias es

un entretenimiento liberador para el cansancio del hombre”, advierte

en el prólogo de su segundo libro autobiográfico. ¿Y no había dicho ya

Homero, en el canto VIII de la Odisea, que los dioses traman las desventuras

de los hombres para que éstos tengan luego algo que cantar? Una

justificación estética de la vida, dirá Borges.

jueves, 10 de junio de 2021

LA DESESPERACIÓN ES «LA ENFERMEDAD MORTAL» - Sören Kierkegaard

 Esta idea de «enfermedad mortal» debe tomarse en un sentido especial. Literalmente, significa un mal cuyo término, cuya salida es la muerte, y entonces sirve de sinónimo de una enfermedad por la cual se muere, pero no es en este sentido que se puede llamar así a la desesperación; pues, para el cristiano, la muerte misma es un pasaje a la vida. De este modo, ningún mal físico es para él «enfermedad mortal». La muerte termina con las enfermedades, pero no es en sí misma un término. Pero una «enfermedad mortal», en sentido estricto, quiere decir un mal que termina en la muerte, sin nada más después de ella. Y esto a la desesperación. Pero en otro sentido, más categóricamente aún, ella es la «enfermedad mortal». Pues lejos de morir de día, hablando con propiedad, o de que ese mal termine con la muerte, física, su tortura, por el contrario, consiste en no poder morir, así como en la agonía el moribundo se debate con la muerte sin poder morir. Así, estar enfermo de muerte es no poder morirse; pero aquí, la vida no deja esperanza y la desesperanza es la ausencia de la última esperanza, la falta de muerte. En tanto que ella al supremo riesgo, se espera de la vida; pero cuando se descubre lo infinito del otro peligro, se espera de la muerte. Y cuando el peligro crece tanto como la muerte, se hace esperanza; la desesperación es la desesperación de no poder incluso morir. En esta última acepción, pues, es la desesperación la «enfermedad mortal», ese suplicio contradictorio, ese mal del yo: morir eternamente, morir sin poder morir sin embargo, morir la muerte. Pues morir quiere decir que todo ha terminado. Pero morir la muerte significa vivir la propia muerte; y vivirla un solo instante, es vivirla eternamente. Para que se muera de desesperación como de una enfermedad, lo que hay de eterno en nosotros, en el yo, debería poder morir, como hace el cuerpo, de enfermedad. ¡Quimera! En la desesperación el morir transfórmase continuamente en vivir. Quien desespera no puede morir; «como un puñal no sirve de nada para matar pensamientos», nunca la desesperación, gusano inmortal, inextinguible fuego, no devora la eternidad del yo, que es su propio soporte, pero esta destrucción de sí misma que es la desesperación, es impotente y no llega a sus fines. Su voluntad d propia está en destruirse, pero no puede hacerlo, y esta impotencia misma es una segunda forma de destrucción de sí misma, en la cual la desesperación no logra por segunda vez su finalidad, la destrucción del yo; por el contrario, es una acumulación de ser o la ley misma de esa acumulación. Es ella el ácido, la gangrena de la desesperación, el suplicio cuya punta, dirigida hacia el interior, nos hunde cada vez más en una autodestrucción impotente. Lejos de consolar al desesperado, el fracaso de su desesperación para destruirse es, por el contrario, una tortura que reaviva su rencor, su ojeriza; pues acumulando incesantemente en la actualidad desesperación pasada, desespera de no poder devorarse ni de deshacerse de su yo, ni de aniquilarse. Tal es la fórmula de la acumulación de la desesperación, el crecimiento de fiebre en esa enfermedad del yo. El hombre que desespera tiene un sujeto de desesperación, y es lo que se cree un momento y no más; pues ya surge la verdadera desesperación, la verdadera figura de la desesperación. Desesperando de algo, en el fondo desesperaba de sí mismo y, ahora, pretende librarse de su yo. Así sucede cuando el ambicioso que dice: «Ser César o nada», no llega a ser César y desespera. Pero esto tiene otro sentido; por no haber llegado a ser César, ya no soporta ser él mismo. Por consiguiente, en el fondo no desespera por no haber llegado a ser César, sino de ese yo que no ha logrado llegar a serlo. Ese mismo yo, que de otro modo hubiese sido toda su alegría -alegría por lo demás no menos desesperada-, helo ahora más insoportable que cualquier otra cosa. Observando de más cerca, lo insoportable para él no está en no haber llegado a ser César, sino en ese yo que no ha conseguido serlo; o más bien, lo que no soporta es no poder librarse de su yo. Habría podido hacerlo, si hubiese llegado a ser César, pero como no lo ha logrado, nuestro desesperado ya no puede consolarse. En su esencia no varía su desesperación, pues no posee su yo, no es él mismo. No habría llegado a serlo, es él mismo, deviniendo César, pero se habría librado de su yo; no llegando a ser César, desespera de no poder quedar en paz. Por lo tanto resulta una opinión superficial decir de un desesperado (a causa sin duda de no haberlo visto jamás, ni de haberse visto incluso), como si ello fuese su castigo, que le destruye su yo. Pues precisamente para su desesperación y su suplicio, es incapaz de lograrlo, dado que la desesperación ha puesto fuego a algo refractario, indestructible en él, al yo. Desesperar de algo no es, pues, todavía, la verdadera desesperación; es su comienzo; se incuba, como dicen los médicos de una enfermedad. Luego se declara la desesperación: se desespera de uno mismo. Observad a una muchacha desesperada de amor, es decir de la pérdida de su amigo, muerto o esfumado. Esta pérdida no es desesperación declarada, sino que ella desespera de sí misma. Ese yo, del cual se habría librado, que ella habría perdido del modo más delicioso si se hubiese convertido en bien del «otro», ahora hace su pesadumbre, puesto que debe ser su yo sin el «otro». Ese yo que habría sido su tesoro -y por lo demás también, en otro sentido, habría estado desesperado- ahora le resulta un vacío abominable, cuando el «otro» está muerto, o como una repugnancia, puesto que le recuerda el abandono. Tratad, pues, de decirle: «Hija mía, te destruyes», y escucharéis su respuesta: «¡Ay, no! Precisamente mi dolor está en que no puedo conseguirlo». Desesperar de sí mismo, querer deshacerse del yo, tal es la fórmula de toda desesperación, y la segunda: desesperado por querer ser uno mismo, se reduce a ella, como hemos reducido anteriormente (véase Capítulo I) la desesperación en la cual se quiere ser uno mismo, a aquélla en la cual se rechaza serlo. Quien desespera quiere, en su desesperación, ser él mismo. Pero entonces, ¿no quiere desprenderse de su yo? En apariencia, no; pero observando de más cerca, siempre se encuentra la misma contradicción. Ese yo, que ese desesperado quiere ser, es un yo que no es él (pues querer ser verdaderamente el yo que se es, es lo opuesto mismo de la desesperación); en efecto, lo que desea es separar su yo de su autor. Pero aquí fracasa, a pesar de que desespera, y no obstante todos los esfuerzos de la desesperación, ese Autor sigue siendo el más fuerte y la obliga a ser el yo que no quiere ser. Pero haciéndolo, el hombre desea siempre desprenderse de su yo, del yo que es, para devenir un yo de su propia invención. Ser ese «yo» que quiere, haría todas sus delicias -aunque en otro sentido su caso habría sido también desesperado- pero ese constreñimiento suyo de ser el yo que no desea ser, es su suplicio: no puede desembarazarse de sí mismo. Sócrates probaba la inmortalidad del alma por la importancia de la enfermedad del alma (el pecado) para destruir, como hace la enfermedad con el cuerpo. Igualmente se puede demostrar la eternidad del hombre por la impotencia de la desesperación para destruir al yo, por esa atroz contradicción de la desesperación. Sin eternidad en nosotros mismos, no podríamos desesperar; pero si se pudiera destruir al yo, entonces tampoco habría desesperación. Tal es la desesperación, ese mal del yo, «la Enfermedad mortal». El desesperado es un enfermo de muerte. Más que en cualquier otro mal, se ataca aquí a la parte más noble del ser; pero el hombre no puede morir por ello. La muerte no es aquí un término interminable del mal, es aquí un término interminable. La muerte misma no puede salvarnos de ese mal, pues aquí el mal con su sufrimiento y... la muerte consisten en no poder morir. Allí se encuentra el estado de desesperación. Y el desesperado podrá esforzarse, a no dudar de ello, podrá esforzarse en lograr perder su yo, y esto sobre todo es cierto en la desesperación que se ignora, y en perderlo de tal modo que ni se vean sus trazas: la eternidad, a pesar de todo pondrá a luz la desesperación de su estado y le clavará a su yo; así el suplicio continua siendo siempre no poder desprenderse de sí mismo, y entonces el hombre descubre toda la ilusión que había en su creencia de haberse desprendido de su yo. ¿Y por qué asombrarse de este rigor?, puesto que ese yo, nuestro haber, nuestro ser, es la suprema concesión infinita de la Eternidad al hombre y su garantía.

martes, 8 de junio de 2021

ENDIMIÓN - MARGUERITE YOURCENAR

 La leyenda caracteriza a Endimión como un pastor de gran belleza. La luna, Selene, se enamoró de él; se amaban en una gruta del monte Latmo. Endimión, por argucias de Selene, consiguió que Zeus le concediera el deseo de permanecer eternamente joven, aunque sumido en un sueño perpetuo y con los ojos abiertos, sin ver a nadie más que a su espléndida amante, quien lo visitaba todas las noches y acabó dándole cincuenta hijas. He aquí el poder embriagante del sueño celebrado por los románticos como una bendición que entraña una maldición, porque nos permite alcanzar lo imposible —vivir fuera del tiempo— y nos regala la contemplación extasiada del objeto de nuestro deseo, la unidad inaccesible con la persona amada. Pero al hundirnos en la cueva de nuestros sueños, al despertarnos en el seno original y fundirnos en el misterio de la creación, nos aislamos mortalmente del mundo y terminamos destrozándonos, consumidos por la locura o marginados por la limitada y dura realidad material que nos impone su norma rutinaria, el fastidioso imperio de la imperfección. En medio de nuestras miserias, Selene, la de hermosa faz, círculo de la esperanza y ojo sangriento, somete el corazón del hombre soñador a su capricho, desconectándolo del mundo como a un feto fascinado.


Madre etíope, con senos de estrellas, 

Matriz donde brota lentamente el universo;

Negra carne de médulas relucientes, 

Sombra lechosa en el polo y verde en el Ecuador.

Secreta tibieza donde los cuerpos se penetran 

Y el alma se derrama en sombríos perfumes;

Hora cero, asombro de los seres, donde aparecen

Los blancos fantasmas de noches ya muertas.

Vacío pozo de lo absoluto, presencia del espacio,

Limosna de una paz sin reposo; viento adormecedor

Que se levanta y pasa, pleno de olvido,

Y doblega a los vivos, esos rebaños.

Punto de agotamiento, espasmo que se extingue,

Donde se hacen, se deshacen y rehacen nuestras cadenas,

Donde esos extraños NOSOTROS que llamamos sueños

Nos llevan, arriándonos, a secretos infiernos.

Oscuridad que hace resplandecer la belleza del pastor,

La palidez de la luna y el deseo.

Manojo negro de sombras, cálido hueco de alabastro,

Sepulcro sideral donde sangra el placer.

Momento en que el universo vuelve a ser posible,

Oscura resolución donde yacen los acordes;

Temblor confuso, indistinto y apacible

Donde todos los cuerpos son un solo cuerpo.

Noche en que el recién nacido cree recobrar el asilo

De la gruta maternal que lo abrigó tanto tiempo,

Océano de negrura donde el astro es una isla

Y el día despliega su matinal apostasía.

Gracias a ti huimos de la luz que nos despedaza

Y nos enfrenta unos contra otros, oponiéndonos a todo.

Yo me entrego, oh tinieblas, esposa universal, 

A los mil labios de oro de tu beso sombrío.

Ya no soy el que vagaba entre las viñas

Buscando un fruto claro como esperanza fundadora,

Y ofrecía su pálida belleza al incendio del sol 

Al salir del agua donde retozan los cisnes.

Ya no soy el que busca su imagen en las zanjas

 Donde el agua se adormece con dulzura, 

Y besa en vano, en voluptuoso homenaje, 

La tierna ilusión de un cuerpo ingrávido.

Ni soy el que corría tras la ninfa o el sátiro 

Y tendía sus brazos desnudos al objeto pasajero; 

Ya no distingo en la oscuridad que me llama 

Al otro, al enemigo de Mí, al extranjero

Después de haber luchado, tendido sobre el musgo,

En la arena o las piedras, sin intención de gozar, 

Mis ojos aumentan la noche cerrando los párpados 

Y el reposo del mundo es mi serenidad.

La inmensa vida se agita y fermenta en silencio,

 Fluido que el objeto alberga sin retenerlo, 

Líquida paz donde mi cuerpo se balancea 

E ignora que odiar es lo contrario de amar.

El día prisionero, tropieza en los límites de las cosas, 

Se esfuerza en su lucha, se agota al crecer,

 Mientras la noche y la vida reposan en el fondo de todo 

Y el corazón de cada hombre es un secreto nadir.

En el día me busqué, en la noche me encuentro;

 Por un instante el seno primordial se abre de nuevo; 

Y mi perra, sombría loba junto a mí, 

Lame la blancura del invierno en los dedos de mi pie

La noche hincha mis flancos, mis vértebras, mis venas; 

Oscuros señuelos me reclaman desde el frío seno de 

 Diana; 

Como un niño acurrucado en el corazón de las tinieblas,

 Me deslizo, perdido, hacia todo lo que no es.

Nada espero, nada persigo, nada deseo alcanzar; 

Soy el olvido que alienta y se mece; 

La sombra, secreto regazo donde nada se teme,

Hace de la inmensa vida una pesadilla que pasó

La noche resuelve en mí el enigma que me obsesiona; 

En el estío nocturno mi cuerpo se funde como la miel; 

Y cada tarde mi ser se rinde y cede, paso 

De los brazos de Pan a los brazos de Astarté.


jueves, 3 de junio de 2021

EDITORIAL

 EDITORIAL


Las independencias de las excolonias europeas en América, sobre todo las que

pertenecieron a España, es uno de los temas historiográficamente hablando,

que más se han trabajado. Los primeros estudios sobre el momento de ruptura

del orden colonial dieron pie a las que se han denominado historias nacionales,

preocupadas ellas por construir un relato casi oficial sobre cómo nacieron las

nuevas repúblicas hispanoamericanas. Desde un principio, los variados relatos

que se elaboraron sobre las independencias enfatizaron en diversos aspectos

que consideraron relevantes, por ejemplo las ideas políticas que supuestamente

influyeron en el constructo ideológico revolucionario; las campañas militares

que condujeron a las derrotas de los ejércitos realistas en múltiples campos de

batalla, lo que significó el enaltecimiento de los “héroes que nos dieron patria”,

como reza una frase muy conocida en la región; el papel que desempeñaron

potencias europeas, especialmente Gran Bretaña, en el patrocinio del proceso

emancipador; y el papel que tanto la Iglesia católica, como institución, como la

religión, jugaron en la independencia como proceso histórico.

Sobre ese aspecto, el del papel que jugaron tanto la Iglesia católica como

institución, y la religión católica, hay abundante bibliografía, proveniente

de diversas corrientes de pensamiento y escuelas historiográficas. En esa

bibliografía observamos que no hay posiciones dominantes o hegemónicas,

por el contrario, con el paso del tiempo, son diversas las conclusiones y los

resultados que se muestran sobre cómo incidieron la iglesia y la religión

católicas en el proceso emancipador. De esta forma, si hablamos de la Iglesia

como institución observamos que se dice, por ejemplo, que fue baluarte de la

defensa de la monarquía en la crisis que padecía desde la invasión napoleónica

a la Península Ibérica en 1808. Y en ese sentido la defendió cuando en

sus colonias americanas se despertó el espíritu autonomista y después el

independentista. Se afirma también que sectores de esa institución, sobre todo

criollos y de baja importancia, apoyaron el gradual desprendimiento de las

colonias americanas hasta desembocar en la Independencia llegando, incluso,

a emplear mecanismos como catecismos y sermones para justificar lo que,

sobre el papel, era una clara ruptura del orden natural. También se indica que,

con el paso de los años, y sobre todo después de las derrotas realistas en tierras

americanas, los eclesiásticos, incluso peninsulares, que aún permanecían en el

continente americano decidieron, por bien de la iglesia y de la religión católicas

alinearse no sólo con la Independencia sino también con el sistema republicano.

A partir de ese momento, el de dar su aprobación a la Independencia, la iglesia

ayudó a los gobiernos de las nacientes repúblicas a buscar que esa aprobación

también fuera dada desde el centro del catolicismo, esto es Roma, lo que a la

postre comenzó a pasar desde mediados de la década de 1830. La aceptación

del Papa de la ruptura del orden colonial, y la formación de nuevas realidades,

por ejemplo la republicana, condujeron a la reconfiguración de las relaciones

con el pontificado por parte de las repúblicas hispanoamericanas y el imperio

brasileño. De esta forma puede verse el ocaso del patronato real y el fracaso,

por así llamarlo, del patronato republicano.

Pero el problema no puede verse únicamente desde arriba, desde la forma

como la Iglesia como institución, sobre todo jerarquía y clero muy ilustrado,

jugó papel en el proceso independentista alineándose a favor de unos y otros, y

variando de posición dependiendo de las circunstancias. En los sustratos de la

religión y de la religiosidad también puede observarse cómo la ruptura del orden

colonial los afectó. El cuestionamiento de la soberanía del monarca movió a

reforzar o desdeñar la devoción por Fernando VII. La guerra, más sangrienta en

unos escenarios que en otros, hizo que afloraran religiosidades, tanto de elites

como populares, por medio de devociones, novenas y rogativas, pidiendo por el

buen y pronto final de las confrontaciones. Los que apoyaban la independencia,

los que no la apoyaban y los que estaban expectantes acudían a la religiosidad

para manifestar sus creencias y pedir por lo que deseaban se cumpliera. Esas

religiosidades no desaparecieron durante la guerra ni en los momentos de

mayor tensión. Atravesaron la coyuntura de la ruptura del orden colonial para

continuar permeando a la sociedad. Y este es un punto relevante que no debe

dejar de lado la historiografía, el que si bien la iglesia se vio afectada, como

muchas otras instancias de la sociedad, por la independencia, ella permaneció

en el mundo republicano constituyéndose en la institución más longeva desde

que los europeos arribaron a América finalizando el siglo XV. Igual sucede

con la religión católica. Es cierto que en los recientes doscientos años ambas,

iglesia y religión católicas, han tenido cambios, no muchos, pero los han tenido,

y que la libertad religiosa y de cultos, unido a la creciente secularización de

la sociedad, han complejizado el panorama religioso. A pesar de ello, el peso

del catolicismo, religión e iglesia, sigue siendo considerable en las sociedades

hispanoamericanas.

En este sentido, el dossier que presentamos al público lector ayuda a

dar cuenta, en nueve artículos, sobre cómo la Iglesia y la religión actuaron,

participaron, fueron activas, fueron vistas e interpretadas en la Independencia

hispanoamericana. Estos textos se suman a una historiografía potente que

cada vez, con más fuerza y decisión, se aleja de los esquemas interpretativos

tradicionales consistentes en ver a la religión y a la iglesia ya sea como las únicas

promotoras de la civilización o, por el contrario, como las responsables de

todos y cada uno de los males que padecen las repúblicas hispanoamericanas.

Esta visión historiográfica confrontacionista, y a la vez reduccionista, ya ha

sido superada. Los nueve trabajos reunidos en el presente dossier han abordado, desde

distintos planteamientos metodológicos, los tres tópicos de reflexión

propuestos - Iglesia, religión e independencias-, dando a conocer complejos

procesos históricos que evidencian las participaciones, aportes y posiciones

de diferentes agentes e instituciones, los cuales se desenvolvieron en un

contexto de crisis monárquica y construcción republicana. El resultado

obtenido permitió vincular a la clerecía y feligresía católica, sin desatender sus

vivencias y expresiones religiosas, con procesos políticos y sociales amplios o

estructurales que definieron los movimientos de independencias en algunos

espacios de Hispanoamérica. El clero secular y regular, la jerarquía eclesiástica,

el ministerio parroquial, las autoridades civiles o los viajeros extranjeros son

analizados a través de indagaciones que problematizan las reformas educativas,

los discursos ideológicos, el patronato republicano, la erección de diócesis, la

adscripción política, el poder económico o las visiones del mundo. En todas

las investigaciones se han retomado problemas que la historiografía ha venido

estudiando en las últimas décadas, ahora vistos desde escenarios desatendidos,

que han posibilitado considerar documentación inédita u olvidada, así como

abrir caminos sobre asuntos apenas considerados como episodios anecdóticos

o asuntos cuyos itinerarios de estudio se creían clausurados por la disciplina

histórica.

El dossier se abre con el artículo de Carlos Arnulfo Rojas, titulado “Preludios

de la independencia. Aportes de jesuitas y agustinos a las reformas educativas

neogranadinas del siglo XVIII”, en el que se estudian las reformas educativas

emprendidas por la Compañía de Jesús y la orden agustina, tanto en sus

colegios como universidades en el virreinato del Nuevo Reino de Granda, con

el objetivo de identificar su participación en la constitución ideológica de las

acciones y discursos de los protagonistas de los movimientos independentistas.

Esta mirada a los antecedentes que definieron las primeras décadas del siglo

XIX, entendido como “preludio” del proceso independista, supuso un análisis

relacional de la bibliografía existente sobre la educación y la ilustración en

el periodo virreinal, así como un esfuerzo por encontrar los elementos que

vincularon los espacios de enseñanza con el advenimiento de una identidad

americana opuesta a la peninsular.

Distintas investigaciones han expuesto la importancia de la participación

del episcopado indiano en los procesos políticos concernientes a las crisis de

la monarquía española después de la invasión napoleónica. Alfonso Rubio, en

el artículo “Francisco Xavier de Lizana y Beaumont. El discurso ideológico

de una arzobispo-virrey de México, 1803-1810”, retoma el problema de la

jerarquía clerical desde una perspectiva que considera la producción escrita

y los discursos ideológicos de una de las figuras decisivas en la historia

del arzobispado de México y del virreinato de la Nueva España. Las cartas

pastorales, sermones, exhortaciones y proclamas de Lizana y Beaumont,

halladas dispersas por el autor en distintos fondos y acervos documentales

mexicanos, revelan una práctica escritural ajustada a la tradición escolástica y

vinculada al uso intertextual de la Biblia y la patrística. Revelan, por otro lado,

una constante preocupación respecto a las actitudes morales de la feligresía

católica y una oratoria sagrada centrada en la defensa de la monarquía hispana

-bajo la tríada Dios, Patria y Rey- contra los intereses expansivos extranjeros.

José Alejandro Cifuentes y Leonardo Miguel Hernández estudian, a

partir de documentación inédita del Archivo Capitular de la Arquidiócesis de

Bogotá, uno de los acontecimientos más descuidados sobre la historia de las

juntas provinciales: el Cisma del Socorro. El título del artículo, “El Cisma del

Socorro, preludio de las discusiones del patronato republicano”, contiene la

propuesta interpretativa de los autores, ya que entienden el proceso como un

momento en el que se plantearon de manera temprana los puntos centrales

de las atribuciones del poder civil sobre las circunstancias de los agentes e

instituciones de la Iglesia católica. Sin olvidar, por otro lado, la posibilidad de

vincular la creación del obispado socorrano con el problema de las soberanías

locales durante la primera república.

El artículo de Francy Juliet Ramírez, titulado “La religión al servicio de la

política. Tres eclesiásticos en la independencia de la Nueva Granada, 1810-

1816”, identifica y presenta la participación en el movimiento independentista

de tres curas neogranadinos - Pedro Salgar, Lindo Gonzáles del Río y Matheo

González Rubio -. La autora propone una revalorización de la agencia clerical

durante este período a partir de la diversidad de posiciones asumidas por el

ministerio parroquial. Los informes elaborados por los tribunales establecidos

durante la Reconquista, utilizados como indicio de las posiciones asumidas

por la clerecía parroquial, posibilitan precisar la complejidad de un problema

de investigación todavía inconcluso: el perfil de los eclesiásticos en tiempos

de Independencia y sus relaciones con las autoridades civiles.

La diversidad de posturas del clero parroquial, también analizadas por

Ismael Hernández González, en el artículo “Los curas de la parroquia de

Valladolid de Michoacán ante la guerra de independencia, 1818-1821”,

permite confirmar, para el caso novohispano, la necesidad de abandonar las

explicaciones deterministas sobre la clerecía. El análisis del posicionamiento

de las autoridades diocesanas -tanto el obispo Manuel Abad Quiero como los

prebendados del cabildo catedral-, de las acciones de los clérigos insurgentes -

José María Cos y Martín García Carrasquedo - y de la huida o permanencia de

los curas que se mantuvieron al margen del conflicto, aunado al estudio de las

posiciones ambiguas o cambiantes de la mayoría de los curas, permite al autor

afirmar una clara división al interior de la clerecía michoacana. Posiciones de

una clerecía novohispana que, al igual que la neogranadina, estuvo sujeta a las

exigencias de sus intereses, necesidades inmediatas o contextos particulares.

José David Cortés Guerrero, en el artículo “Religión, religiosidad e Iglesia

vistas por viajeros extranjeros. Colombia en tiempos de Independencia”,

presenta las visiones presentes en los relatos de viajes consistentes -

diarios, memorias y correspondencias - sobre tres ejes tópicos - religión,

religiosidad e Iglesia - indispensables para estudiar las primeras décadas

de vida republicana. La hipótesis sostenida por el autor, quien analiza casi

una veintena de testimonios, propone que la literatura de viajes posibilita

contemplar un complejo escenario, no reducible a afirmaciones que destaquen

la inmutabilidad de los ejes de reflexión propuestos o que no maticen las

consecuencias de la guerra de independencia y la ruptura del orden colonial.

Las diferentes visiones de los viajeros, críticas o moderadas según su lugar

de enunciación o procedencia, muestran una religiosidad permanente y

dinámica, sujeta a los cambios en las instituciones de poder republicanas y

al reacomodo de la Iglesia católica como institución en el naciente Estado. El

trabajo, en definitiva, cuestiona el postulado historiográfico que asume que los

relatos de viajes han sido estudiados en su totalidad, sin acudir a la revisión

exhaustiva de los testimonios y sin considerar la posibilidad de abrir sendas

de investigación revisionista.

La propuesta del artículo de Jefferson Jesid Díaz Sastre, titulado

“Nombrando las desviaciones para fijar adhesiones. Una interpretación de

las circulaciones de la herejía y de la condena a los herejes desde la ciudad de

Bogotá, 1819-1821”, es el estudio de la gestión política de las diferencias vista

desde las enunciaciones de herejía y cisma elaboradas por las autoridades

civiles y eclesiásticas. El autor plantea una investigación en la que dichas

enunciaciones se problematizan al ser consideradas como conflictos y procesos

en los que se pueden observar ambivalencias respecto al significado de la

herejía. Entre los contornos de lo religioso y lo político, la herejía y el cisma,

enunciadas en los procesos de censura de libros y conducta clerical, posibilitan

precisar el uso de la religión y la circulación del lenguaje religioso en un contexto

de construcción del orden republicano.

El poder económico e ideológico de la clerecía, estudiado en el artículo de

Viviana Chaves, titulado “El poder y el clero en Pasto durante la conformación

de la República de Colombia, 1821-1831”, es un problema central y decisivo

en la historia del establecimiento de las formas de gobierno republicanas.

Las características del poder económico e ideológico del clero, así como las

tensiones o relaciones que establecieron con distintos agentes, investigados a

través de documentación proveniente de archivos ecuatorianos y colombianos,

le permitieron a la autora señalar la participación de la clerecía pastusa en la

élite de poder local, al igual que su actividad como mediadores a través de las

proclamas y sermones que utilizaron para exhortar a la obediencia de políticas

promovidas por las autoridades civiles y eclesiásticas.

En el último artículo, titulado “La fidelidad del clero neogranadino durante

la transición de la Independencia”, Nectalí Ariza aborda el problema de la

crisis de lealtad de los ministros de lo sagrado durante los movimientos

independentistas. La disyuntiva de obedecer al soberano español o a los

representantes del nuevo orden republicano determinó la aparición de

Historia y Espacio, vol. 17, nº 56. Enero - Junio 2021. Cali, Colombia.

ISSN 0120-4661 (Impreso). ISSN 2357-6448 (En línea). Pp. 9 - 16

posiciones en apariencia contradictoria, pero que estaban sujetas a una lógica

de constante negociación y reacomodo de los intereses propios de la clerecía

y de la institución a la que pertenecían. A partir de la correspondencia de los

clérigos, en la que se manifiestan sus alegatos respecto a sus fueros y recursos

fiscales, el autor identifica un primer momento en el que se aceptó a los dos

bandos de manera alterna, el cual dio paso, una vez termina la guerra de

independencia, a los intentos de fortalecer su presencia como miembros de la

Iglesia en la conformación del nuevo Estado.

Acompañan a los artículos cinco reseñas elaboradas por Daniel Andrés

Zambrano, Juan Camilo Galeano Ramírez, Roger Pita Pico, Aneth Acuña

Noguera y Alfonso Rubio. Las reseñas comprenden una multiplicidad de

temas, algunos íntimamente relacionados con el objetivo del dossier, como el

análisis de los sermones patrióticos en los comienzos de la república, y otros

que evidencian notables contribuciones al estudio de la vida conventual en

la Nueva Granada, los virreinatos indianos durante el primer siglo XVIII,

la historia de la lectura como problema teórico y metodológico, y la cultura

política latinoamericana.

Estimamos que el conjunto de artículos ofrecerá un escenario complejo

sobre los procesos propuestos como objeto de estudio y planteará la necesidad

de revisar algunos temas postergados, continuar con la construcción de

interrogantes y alentar la búsqueda de fuentes y acervos documentales. La

indagación histórica sobre estos temas continúa siendo un problema inacabado

y abierto a nuevas sendas de investigación, establecidas con el ánimo de revisar

y cuestionar interpretaciones pasadas o proponer nuevas preguntas y análisis.

Este ha sido el objetivo del presente dossier, el cual esperamos se constituya

en una contribución significativa para comprender la historia de la Iglesia, la

religión y las independencias en Hispanoamérica.


José David Cortés Guerrero1*

Juan Camilo Galeano Ramírez2**

miércoles, 2 de junio de 2021

Carta de Gustave Flaubert a su amante Louise Colet sobre "Madame Bovary"

 ¿Qué pasa por la cabeza de un escritor en el momento de la creación? ¿Qué multitudes habitan en sus cuerpos? En esta carta, Gustave Flaubert le escribe a su amante Louise Colet. Ella lo acompañó de cerca en el proceso de la escandalosa novela Madame Bovary. El escritor francés está agotado, como si hubiese cogido todo el día, dice. Y no deja de maravillarse por el milagro de la escritura. Lee el actor y director Pompeyo Audivert.

****** Hace falta quererte para escribirte esta noche, pues estoy agotado. Tengo un casco de hierro en el cráneo. Desde las dos de la tarde (salvo unos veinticinco minutos para cenar) escribo Bovary. Estoy en su polvo, de lleno, inmerso; sudamos y tenemos un nudo en la garganta. Éste es uno de los raros días de mi vida que he pasado en la ilusión, completamente, de cabo a rabo. Esta tarde, a las seis, en el momento en que escribía “ataque de nervios”, estaba tan excitado, gritaba tan fuerte y sentía tan hondamente lo que experimentaba mi mujercita, que he temido sufrir uno yo mismo. Me he levantado de la mesa y he abierto la ventana para calmarme. La cabeza me daba vueltas. Ahora tengo grandes dolores en la espalda, en las rodillas y en la cabeza. Estoy como un hombre que ha cogido demasiado (perdón por la expresión), es decir, en una especie de agotamiento lleno de embriaguez. Y ya que estoy en el amor, es justo que no me duerma sin enviarte una caricia, un beso y todos los pensamientos que me quedan. ¿Saldrá bien? No lo sé (me estoy dando algo de prisa, para mostrar a Bouilhet un conjunto, cuando venga). Lo que es seguro es que desde hace ocho días esto avanza rápido. Que siga así, pues estoy cansado de mis lentitudes. ¡Pero temo el despertar, las desilusiones de las páginas copiadas de nuevo! No importa; bien o mal, es algo delicioso el escribir, el no ser ya uno mismo, sino el circular en medio de toda la creación de la que uno habla. Hoy por ejemplo, hombre y mujer simultáneamente, amante y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque en una tarde de otoño, bajo hojas amarillas, y yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrarse sus párpados anegados de amor. ¿Es orgullo o piedad, es el necio desbordamiento de una satisfacción exagerada de sí mismo, o bien un instinto vago y religioso? Pero cuando rumio estos goces, después de haberlos experimentado, me sentiría tentado de elevar una plegaria de agradecimiento a Dios, si supiera que puede oírme. ¡Bendito seas por no haberme hecho nacer vendedor de algodón, autor de vodeviles, hombre ingenioso o algo por el estilo!”.


Da una lettera di Gustave Flaubert a Louise Colet




https://www.youtube.com/watch?v=ejDv6rJxeHM

https://www.youtube.com/watch?v=ejDv6rJxeHM

CESARE PAVESE, Le poesie

 Ti ho sempre soltanto veduta,

senza parlarti mai,

nei tuoi istanti più belli.

Ma ho l'anima ormai tanto tesa,

schiantata dalla tua figura,

che non trovo più pace

al suo brivido atroce.


E non posso parlarti,

nemmeno avvicinarmi,

ché cadrebbero tutti i miei sogni.

Oh se tale è il tremore orribile

che ho nell'anima questa notte,

e non ti conoscerò mai,

che cosa diverrebbe il mio povero cuore

sotto l'urto del sangue,

alla sublimità di te?


Se ora mi par di morire,

che vertigine folle,

che palpiti moribondi,

che urli di voluttà e di languore

mi darebbe la tua realtà?

Ma io non posso parlarti,

e nemmeno avvicinarmi:

nei tuoi istanti più belli

ti ho sempre soltanto veduta,

sempre soltanto sognata.

Cesare Pavese: VORREI POTER SOFFOCARE

 

Vorrei poter soffocare nella stretta delle tue braccia nell'amore ardente del tuo corpo ... sul tuo volto, sulle tue membra struggenti nel deliquio dei tuoi occhi profondi perduti nel mio amore, quest'acredine arida che mi tormenta. Ardere confuso in te disperatamente quest'insaziabilità della mia anima già stanca di tutte le cose prima ancor di conoscerle ed ora tanto esasperata dal mutismo del mondo implacabile a tutti i miei sogni e dalla sua atrocità tranquilla che mi grava terribile e noncurante e nemmeno più mi concede la pacatezza del tedio ma mi strazia tormentosamente e mi pùngola atroce, senza lasciarmi urlare, sconvolgendomi il sangue soffocandomi atroce in un silenzio che è uno spasimo in un silenzio fremente Nell'ebrezza disperata dell'amore di tutto il tuo corpo e della tua anima perduta vorrei sconvolgere e bruciarmi l'anima spardere quest'orrore che mi strappa gli urli e me li soffoca in gola bruciarlo annichilirlo in un attimo e stringermi stringermi a te senza ritegno più ciecamente, febbrile, schiantandoti, d'amore. Poi morire, morire, con te.


https://www.youtube.com/watch?v=t1nXMBu4c3o

 








martes, 1 de junio de 2021

Ruth abrazo a su amado.

A BUEN FIN NO HAY MAL PRINCIPIO


Decía yo, que final tan malo

la obra termina con un final feliz

pero no veía ni de lejos eso

al alzar la vista al mundo real

Habito entre recuerdos melancólicos

mi vida rutinaria es eterno retorno

es como si ya no supiera a donde ir

todos los caminos me llaman

sin embargo no quiero recorrerlos

Si es un final donde después de todo

los malos personajes vengativos

no logran cometer sus fechorías

a la luz salen sus oscuros planes

si eso es un final de telenovela

me gusta cuando mueren los personajes

pero esto de morir en vida es duro

si leer un cortejo de muerte 

es hasta entretenido eso es la vida

pero como decía un filosofo 

por qué el temor a morir si estando

en este estado ya nada podemos sentir

ósea estando muertos vivos no somos

estando muertos ya no somos

Si en la vida real morimos todos

pues la muerte no deja mas que calacas

empolvadas en oscuras iglesias

es claro que quien ve la muerte

en vida ósea en una ficción

cuando le llegue la hora cierta

no creo que diga oh, si, debo

por eso sentir vida estando muerto

es algo hasta espeluznante

me sentía con un pie en la tumba

así como uno de los personajes

cuando vio que todo lo que amaba

era devorado por las llamas

Así recorrió el mundo y olvido

pero una sola dama sus esquelas

respondió en ese tiempo perdido

la pulsión de vida venció esta vez

cuando se vieron y se encontraron

revivieron los apagados fuegos

eran las cenizas de un salvavidas

Ruth, fuerte y sensata dio visión

entre las querellas y las trampas

que a sus pies estuvieron ocultas.

 MP



El poeta escribe a su amada.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Federico García Lorca


Si sigo escribiendo sobre ti

nunca podre olvidarte 

todos los días intento

de mil formas y maneras

de mi memoria sacarte

Camino solitario

converso con mil personas

limpio mis grimorios

No entiendo porque no puedo

cuando me hallo solo

cuando pienso solamente

afloran tu figura y tu sonrisa

mas luego vienen 

las duras palabras que me dijiste

recuerdo mas que nada 

tus eternos silencios fatídicos

te odio entonces

maldigo al destino por conocerte

desearía morirnos

Estoy ahora aquí sentado extrañándote

mas no te lloro 

veo tus fotografías una y otra vez

codicio tus labios

ansió, ansío que rompas el silencio

te veo en todas partes

todo me recuerda a ti, el viento

hasta un rayo de sol

si sigo escribiendo y conversando solo

creo que perderé mi cordura

Es que hay un vacío que nada llena

ni una bienaventurada

conversación que me reanima

que me da oxigeno

porque tu me rescatabas de mi

cuando sumergido

estaba entre las penumbras

en las oscuridades

del alma mía siempre sedienta

sedienta de ti

inquieta y juguetona

como la tuya

no se si me estas pensando

si me extrañaras

como en este momento yo lo hago

si eso fuera cierto

salvadme¡, amada mía, te espero

te aguardo, te añoro

Ahora lloro por tu partida

por nuestra despedida

quizá no debimos alejarnos

solo darnos tiempo

sanar las heridas profundas

!Helena,Helena,Helena¡

Quiero gritar tu nombre

llamarte, decirte

Quédate conmigo una ultima vez

aunque no puedas estar

Se que este poema tan mío

no hará que seas mía

Mi amada adorada y querida

que hare sin ti

mi mundo, mi ser tiembla

al pronunciar

tu bello nombre divino

celestial y puro

a que dedicas tus horas

no sientes

es el tiempo que se nos va

Daria mi vida

Todo lo daría si volvieras

es inútil 

es como gritarle a los muertos

Ahora que será

de ti y de mi sin nosotros

MP