lunes, 29 de noviembre de 2021

El silencio - Diego Jesús Giménez

 


¿Dónde podré esconderme
si no es ahí, en estas
palabras de amor?
                                    Ante vosotras,
hijas del turbio hospicio
de mi alma -mis dóciles
doncellas-, llora mi desconsuelo.
Yo les escribo
a las pequeñas manchas de tinta
de tus manos, como si fuesen
                                                   cartas que debo
contestar en la noche. Toco el falso
disfraz, el picaporte
de tu oscuro colegio; en él
suena mi vida, discurre
como un río mi vida.
                                       Llega ya el príncipe
de tus libros azules, sobrevuelan las hadas
que te ocultan y encienden. En tu cuello alargado
se oscurecen mis sueños, tus caderas sin nadie
me preguntan; ya llegan
como calientes besos, como nubes lejanas
tus rodillas; me bendice tu sombra
clandestina. ¿Dónde
                                         están tus ojos,
que a todo respondían?
Entonces
eran tus pechos nidos, eran pequeños pájaros
sin vuelo; eran llanuras, pueblos
deshabitados, llaves
de pequeñas iglesias, de alacenas
vacías.
Hoy,
que el deseo se cumple, este
negro silencio de la noche nieva
en el alma, nieva
sobre la oscuridad;
                                       como la lumbre
de los romeros o de las aliagas, yo oigo
tus calladas respuestas.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Lontananza



Y como si se tratase de un esplendor

la rerum nature esta en algarabía

no hare el amor con estos versos

sin mas preámbulo es que deambulo

no es algo de elección es el destino

son los pasos recorridos los que veo

es un destello sideral de honda paz

son las hojas que caen de las ramas

como si quisiéramos libar mieles

llorar es una constante invariable

es andar evadiendo las miradas

de los transeúntes fantasmales

querer correr a todas partes

sin saber el sendero mas viable

no solo iré por ahí y no pienso

si llegare a buen puerto es solo

desvariar de la belleza del sol

por un momento el mar esta en calma

se apacigua mi tormento interior

no pienso si voy a la deriva 

es disfrutar aquel cuadro que nadie

ha pintado con cielo azul y verdores

sumergirme en el olvido en esa Arcadia

olvidar los cantos de mi corazón mortal

ser eterno amo en estos dominios perdidos

no perderse no es naufragar el yo

es encontrar en el silencio o el vocerío

un lugar entre el momento efímero 

que luego se perderá y nunca mas será

es cierto que ha quizá de repetirse

pero no con estas palabras ni con

estas manos que lo han retratado

no importa que traerá mañana la mar

he vivenciado este mágico manantial.


mp


viernes, 26 de noviembre de 2021

Coro de ánimas - Diego Jesús Giménez

 Ved ahí el púlpito

de nuestra gloria, ahí el callado altar, los ciegos
comulgatorios del vicio; la estropeada
sonrisa de los hombres.
                                        Ahí nace
con el humo
y la paz, nuestra humana discordia. Velas
bajo la sombra de un último
cadáver. Un desterrado y solitario coro
de ánimas, baja del techo
o de la cúpula. Se oye su voz aquí, en el sonoro
sepelio de la carne.
                                        Solos,
solos ante el sonido de la muerte; solos
en la alegría, avergonzados
ante la soledad.
                                        ¡Padre!, ¡madre!, tú, vosotros,
todos, los inútiles
muertos, los distraídos, que con palabras que nunca
pude entender, me habláis; ¿dónde poneros?; vosotros, los que nunca
me traicionáis, los más amigos, ¿como os conoceré?.

Mi avergonzada soledad
os ama. Así, así, estériles, pálidos, señores
del hastío, sombras lejanas
donde vive el amor, ¡vosotros!, el único deseo
de mi vida, ¿dónde
os puse, qué hice
con tan alto disfraz?, ¿dónde
pude esconderos?
                                        Este
es el oscuro canto
de la elegancia. Os deseo, os deseo, ¡os amo!, seres
de la desgracia y el fracaso;
                                                         yo,
que os veo con el duro
silencio de mi vida,
con la fértil caricia
de la esterilidad, ¿cómo
puedo olvidaros?

                                    Oigo las voces, entro
en la clara abadía, piso el refugio
de vuestro convento. Aquí,
sobre las piedras frías de este templo, os hablo. Aquí,
sobre la nieve os beso
con dolor.

                     ¿De qué alta
cartuja, de qué débil
sacristía estáis hechos? Solo,
                                                           lo que es cornisa pura
para la sangre, la herencia inútil
de vuestro sosiego, la calma
de vuestra voz, la vacía memoria y el pulso
desgastado. ¿Dónde, dónde
podéis estar?
                           Si os hice
ver, si os hice
respirar, si estáis tallados
con lo mejor que tuve
y tengo, con lo que nunca
poseí. Si con todo mi amor oscuro
me amáis, decidme: ¡cómo!, ¡cómo
he podido perderos!

De "Coro de ánimas" 1968

 

martes, 16 de noviembre de 2021

 Una mujer no quiso recibirme

diez mil en monedas de cincuenta

me he enojado tanto que la mande

al diablo, no sabe como ahorre

en todo el año una a una esta

cantidad hasta las recogí del 

piso es mejor hacer esto que ser

un vulgar ladrón pero la paciencia

y la dignidad hechas trizas hacen

perder los cabales de cualquiera

La travesía de subir a Monserrate

a paso lento viendo las nubes que cubrían 

la ciudad entre las ventiscas que mecen

las hojas de los arboles 

luego llamar a un burro por el nombre

de nuestro insigne mandatario

la gente que me mira perpleja

El cumpleaños olvidado de Angela

no tener un céntimo para regalarle

aun que fuera una flor además llegamos

cuando todos se estaban yendo

unas miradas desconocidas un

una risa algo insegura rompe el hielo

se fueron tan rápido que me sentí

otra vez en soledad y beber una cerveza

es algo que jure nunca volvería a hacer

pero es temporada el pastel era dulce

como la agua de panela, tenia almendras

coco la cerveza era de lo mejor

pero no hizo mas que dar depresión

a eso de una am después de haber tomado

un Uber las calles están tan soltarías

creo ver dos taxistas dándose a puños

el conductor dice que trabaja como

una veintena de horas diarias

luego por alguna extraña razón

estoy relajado y el alcohol se me

había tardado en subir a la cabeza

en este extraño estado recordé 

que mientras buscaban una billetera

extraviada tome un juguete de Alejandro

que es como un huevo lo mire hacia

un globo que había en el techo y ahí

recordé la proporción de uno sobre

ciento diez según la trigonometría para

hallar la distancia de la tierra a la luna

luego conversamos como a las dos de la

madrugada sobre bioquímica y como se

metaboliza el etanol en nuestro cuerpo

para convertirse en una molécula azúcar

yo hablaba que desde la antigüedad han

existido los alcolicos y que en todas

las culturas por cientos de años

han fermentado distintas variedades

de plantas para sentir lo que sentían

los sumerios en el acto del coito

ósea el dios de vino con la del amor

Voy hacia el centro de la ciudad

es feriado hace un día soleado

y quiero despejar mi mente

ya que hay una discusión pero no

quiero que esto empañe todo

así que tomo por la vía en la cual

hay ciclistas  cuando veo a la gente

disfrutando y paseando  a sus mascotas

olvido las tristezas tomo un salpicón

compro un libro gordo y pesado

aun así me devuelvo trotando 

corro a prisa entre la multitud

paso por entre muchos vendedores

de ropa de muchos y variados colores

me duelen los pies y siento calambres

 A una cámara de video del dos mil seis

que compre en el mercado de pulgas

en cuatro mil le puse dos baterías 

de computador portátil ósea siete

coma cuatro voltios a un amperio

esta hizo unos raros sonidos su

lente como si fuera un enorme ojo

a la vida volvió tenia una pantalla

en la cual la cortina se veía como

en un espejo que redujera la imagen

cosa que no paso con otra cámara

de plástico que tenia todo oxidado

por mas que le metí corriente cual

Franquestein no hizo nada muerta 

y tiesa en ese estado se quedo 

unas lentesillas como lentejuelas

pude obtener de aquel cadàver

eso si una lente vea todo muy

minúsculo y lejano así como si 

mi gata negra estuviera en una

esfera continuando con la que si

revivió resulto que el paciente

tenia padecimientos un diagnostico

de atrofia fue lo mas acertado

ya que su cuerpo no respondía 

solo podía ver mas nada hacer

así que recurrí al bisturí

de par en par la abrí pero al 

ver sus entrañas no había ni

la menor señal de desgaste

todo parecía estar en su lugar

afuera atardecía el sol bañaba

las paredes a lo lejos los pinos

mecían sus ramas este galeno

no tuvo mas remedio que dar

por terminado su laborioso

empeño sin remuneración alguna.

Hoy pienso en ella sin querer

me percato que es un atrevimiento

pero no puedo negar que me gusta

rememorar los momentos a su lado

además las tristezas se van as no mas

se que no debería que es necio

te pido una disculpa si lo hago

no soy bueno para estar hablando   




MP

sábado, 13 de noviembre de 2021

ESTO ES LO QUE HOY SIENTO

Es nunca y siempre sed que habrá

Es Esta condena a nunca beber 

Es esta fuente que es espejismo

Es tan solo probar una gota

Es el malestar del arrepentimiento

Es la culpa que corre la entraña

Es volver a repetir el ciclo

Es subir la piedra de Sísifo

Es el destino con malas tretas

Es no poder escapar de Ellas

Es ansiar las estrellas besar

Es verdad y mentira a la vez

Es duda y certeza al tiempo

Es tregua y guerra, también

Es alegría y melancolía? Si¡

Es tener todo y nada...quizás

Es soñar estando despierto

Es son victorias y desaciertos

Es verdad falsa y mentira veraz

Es hacer castillos con la arena

Es creer en lo que no sera

Es esperar lo que no llegara

Es hallarte e ir perdiéndome

Es naufragar cerca de la playa

Es que ser y no ser no puede ser

Es el castigo mas apremiante

Es ser una flor sin su abeja

Es la noche que nunca amanece

Es el invierno sin su primavera

Es con palabras esculpir corduras

Es divagar en angustiosa soledad

Es compartir nuestras locuras

Es y son complicidades claras

Es escapar con alguien de la Nada

Es noches en vela luego de la velada

Es no tener en absoluto certezas

Es lanzar los dados del tiempo

Es desear lo que no tengo

Es cultivar cimente al Céfiro


MP


viernes, 12 de noviembre de 2021

Hola, es usted Henry Miller?

 Es Irene, me esta diciendo hola, su voz suena preciosa al teléfono, por un momento siento autentico  pánico, no se, que decirle: Oiga Irene, creo que usted es hermosa...Creo que usted es maravillosa. Me gustaría decirle algo que fuera cierto, por ridículo que fuese, porque, ahora que he oído su voz todo ha cambiado. Pero, antes de poder serenarme, Carl vuelve a estar al aparato y me esta diciendo con su voz chillona: <Le gustas, Joe. Le he contado todo lo relativo a ti ...>

viernes, 5 de noviembre de 2021

Garcilaso de la Vega - Égloga I, fragmento.

 Como al partir del sol la sombra crece,

  y en cayendo su rayo se levanta

 la negra escuridad que el mundo cubre,

 de do viene el temor que nos espanta, 

 y la medrosa forma en que se ofrece 

 aquella que la noche nos encubre 

hasta que el sol descubre 

su luz pura y hermosa; 

tal es la tenebrosa 

noche de tu partir en que he quedado 

de sombra y de temor atormentado, 

hasta que muerte el tiempo determine 

que a ver el deseado 

sol de tu clara vista me encamine.

jueves, 4 de noviembre de 2021

La noche de la verdad - Albert Camus

PRÓLOGO

 El moralista en combate

 Albert Camus fue nombrado redactor jefe de Combat , periódico que hablaba en nombre de la Resistencia francesa contra el nazismo, en otoño de 1943; apenas contaba treinta años. El dato es chocante: pensamos en un autor reputado cuando pensamos en Camus, pero entonces no lo era todavía. Es cierto que su vida había empezado a acelerarse y ya solo se vería frenada por el accidente de coche que lo mató en enero de 1960, dejándonos para siempre la imagen emblemática del escritor que se da un aire al Humphrey Bogart de la Warner y fuma Gauloises en blanco y negro. Pero a comienzos de la Segunda Guerra Mundial solo era un escritor vacilante que encadenaba aventuras amorosas moviéndose entre Argel y Orán, lejos de París y por tanto del éxito que tanto anhelaba. Es la publicación casi simultánea de El extranjero y El mito de Sísifo en 1942 la que le abriría las puertas del estamento literario. Poco después de su aparición, tras pasar una temporada recuperándose de su vieja tuberculosis en un sanatorio situado al norte de Occitania, Camus entró a trabajar a tiempo parcial en la editorial Gallimard, mientras su esposa Francine le esperaba en Argelia. Y fue entonces cuando —tras haber sido rechazado en varias ocasiones por el ejército por razones de salud— asumió la responsabilidad editorial en Combat , formalizando así su relación con la Resistencia. El joven Camus se convertiría con ello en una de las voces más prominentes de aquella Francia minoritaria que no se resignaba a ser Vichy. 

***

27 DE OCTUBRE DE 1944

 Se nos hizo muy cuesta arriba hablar ayer de René Leynaud. [42] Quienes hayan leído en un rincón de algún periódico la noticia de que los alemanes habían fusilado a un periodista resistente que atendía a ese nombre no habrán prestado sino una atención distraída a lo que para nosotros era una terrible, una atroz noticia. Y, no obstante, tenemos que hablar de él. Tenemos que hablar de él para que se conserve la memoria de la resistencia, no en una nación que bien podría ser olvidadiza, sino al menos en unos cuantos corazones que atienden a la calidad humana. Ingresó en la Resistencia en los primeros meses. Todo cuanto constituía su vida ética, el cristianismo y el respeto a la palabra dada, lo impulsó a ocupar silenciosamente su puesto en esta batalla de las sombras. Escogió el nombre de guerra que respondía a lo más puro que había en él; para todos sus camaradas de Combat se llamaba Clair. [43] La única pasión personal que le quedaba aún, junto con el pudor, era la poesía. Había escrito poemas que solo dos o tres de nosotros conocían. Tenían la virtud de lo que era él, es decir, la transparencia misma. Pero en la lucha cotidiana dejó de escribir, y solo se concedió la compra de los más diversos libros de poesía, que reservaba para leerlos después de la guerra. En lo demás, compartía nuestro convencimiento de que determinado lenguaje y la obstinación de la rectitud devolverían a nuestro país el rostro sin igual que esperábamos para él. Desde hacía meses su sitio estaba esperándolo en este periódico y, con toda la tozudez de la amistad y del cariño, rechazábamos la noticia de su muerte. Lo cual no es ya hoy posible. Ese lenguaje que había que usar, ya no volverá a usarlo. La absurda tragedia de la resistencia está entera en esta espantosa desgracia. Pues hombres como Leynaud habían entrado en la lucha convencidos de que nadie podía hablar antes de haber pagado un tributo personal. La desgracia es que en la guerra sin uniforme no existía la terrible justicia de la guerra a secas. Las balas del frente hieren a cualquiera, al mejor y al peor. Pero en esos cuatro años fueron los mejores quienes se significaron y cayeron, fueron los mejores los que se ganaron el derecho a hablar y no pudieron hacerlo. En cualquier caso, este a quien queríamos no volverá a hablar. Y, sin embargo, Francia necesitaba voces como la suya. Ese corazón, el más orgulloso de entre los orgullosos, tanto tiempo callado entre su fe y su honor, habría sabido decir las palabras necesarias. Pero ahora ya está callado para siempre. Y otros, que no son dignos de ello, hablan de ese honor que él había hecho suyo, igual que otros, que no están seguros de ello, hablan en nombre del Dios que él había escogido. Es posible hoy criticar a los hombres de la Resistencia, indicar sus debilidades y acusarlos. Pero eso es quizá porque los mejores de ellos han muerto. Lo decimos porque lo pensamos en lo más hondo: si todavía estamos aquí es que no hicimos lo suficiente. Y hoy, vuelto a esa tierra, para nosotros sin porvenir y para él pasajera, apartado de esa pasión a la que lo había sacrificado todo, tenemos al menos la esperanza de que su consuelo sea no oír las palabras de amargura y baldón que retumban en torno a esta infeliz aventura humana en que nos hemos visto implicados. Que nadie tema nada: no vamos a utilizarlo, a él que nunca utilizó a nadie. Salió desconocido de esta lucha en la que entró desconocido. Le guardaremos lo que él habría preferido, el silencio de nuestro corazón, el recuerdo atento y la espantosa tristeza de lo irreparable. Pero aquí, donde siempre hemos intentado ahuyentar la amargura, nos perdonará si le permitimos que esta regrese y empezamos a pensar que, quizá, la muerte de un hombre así es un precio demasiado elevado para que otros hombres recuperen el derecho a olvidar en sus hechos y en sus escritos lo que valieron durante cuatro años el valor y el sacrificio de unos cuantos franceses.