martes, 27 de abril de 2021

SI ELLA ME HUBIERA ESCRITO, ESTO NO SE HABRIA ESCRITO.


Es increíble que no tenga nadie con quien conversar

antes me importaba muy poco si alguien me escribía

me creía el rey del mundo el amo y señor

me cegaba mi orgullo y creí que nunca envejecería

es terrible cuando te das cuenta de lo solo que estas

que le escribes a la gente y nadie responde al llamado

yo sólo lo único que hice fue perseguir mis sueños

que de malo tiene uno querer ser uno mismo 

no ser alguien mas en el montón de masas

que se dejan manipular como una ola de tsunami

creí que con el tiempo se darían cuenta

pero yo soy el que se ha dado cuenta de mis errores

y trate insistentemente de remediarlos

pero la gente me olvida soy solo un fantasma

siento que gane mucha libertad y tiempo

para hacer muchas hazañas y piruetas 

pero es como si estuviera muerto en vida

nadie me nombra nadie me extraña ni me abraza

he de aceptar esta derrota con valor 

como decía Borges ya nadie me esperara

ya no se si seguir llorando por lo perdido

creo que no hay vuelta de hoja, debo aceptar

le hice daño a las personas y no me di cuenta

un amigo es algo que para mi es tan extraño

no puedo atender visitas ni ser cortés

no soy quien se pone a hablar de esto y lo otro

nunca he tenido la suficiente paciencia

dicen que si uno se rodea de personas agradables

es como si el mundo fuera un paraíso 

pero nunca me sentí cómodo en ningún sitio

me embargaba el aburrimiento el abatimiento

solo algunas veces sentí conexión con unas

pocas chicas sentí buenas vibras y camaradería

mas cuando me conocían y se notaban mis locuras

se iban se alejaban callaban nunca decían adiós

quisiera no prestarle atención a estas cosas

pero cuando leo un poeta que dice que con el amor

ha superado la muerte y la angustia en un cuerpo

pues anhelaría ese divino y místico instante

qué será ahora de mi pobre poeta solitario

sin fe sin amor y sin esperanza... sin Ti,

leía -por que solo conozco esa palabra en libros-

que el amor todo el mundo lo siente de una

manera distinta, que puede ser una llama fuerte

o un árbol que crece lentamente y cuando florece

hace del entorno un lugar menos maligno y macabro

yo fugacidades percibo de esa extraña fuerza

mis ojos se nublan y pierdo los sentidos 

la cordura se hace un tropiezo al corazón

amo como si nunca fuera a amar para siempre

y por un segundo soy un ser feliz, luego

cuando se desvanece y se me sale de las manos

cuando no puedo atraparlo como las gotas de lluvia

es cuando dejo de soñar y vuelvo a ser melancólico

absorto en ese estado vivo el presente en un ayer

las lagrimas que por mi derramaron mis amadas

no correspondidas o desilusionadas se han vuelto

un mar de silencio y eterna oscuridad donde habito

en el desierto de la soledad es esa mi sentencia

no se cuantas buenas chicas de buenos sentimientos

lastime con mis agrias palabras y vanas acciones

esa será mi condena mi prisión mi destino inevitable

vagar por una sola de esas lagrimas que de la fuente

dejaron de manar para sentirme siempre sediento

y nunca satisfecho en este árido mundo desolado

quisiera pediros mil perdones ofreceros mil amores

pero vuestras lapidas es lo único que hay 

así vosotras en vida aun estéis y respiren 

para este pobre vagabundo son solo sus cuerpos

vuestras almas no mas que secas bóvedas mortuorias

tal vez soy este hombre que ven como un muerto

en vida que vaga entre los vivos que ve cual

si de muertos se tratara y nada mas que eso

Si nadie me ama y nadie me recuerda !Muerte!

oye mi clamor, se que por mi sientes amor...

Hoy que escribió estas palabras recordaba

que en la novela que mis ojos leen el pobre

hombre se apiada de su triste amada cuando muere

ella quiso darle besos y cariños, sin corresponderlos 

este pobre y mísero trágico pero valiente

arrepintiese tanto de su osadía al ver como

estaba de bella cuando el solo le devolvía 

la mirada pero solo un solo beso y ella lo noto

que esta vez no tenia que perdérselo

mas no fue sino hasta ahí, él no sucumbió

y ella murió, el sufrió sintió su dolor

así en el día de ayer pensaba quizá 

una dulce palabra a mi amada salvaría

Ellen al parecer ha muerto de soledad.

Ay de mi mis lagrimas se han secado

llorar por tu partida no puedo mas.



viernes, 23 de abril de 2021

James Joyce, Introducción crítica

El héroe de Herman Melville (1819-1891) en Moby Dick no está psicoanalizado sino dramatizado. Y, sin embargo, Ahab, solitario y absoluto, observando el mar desde su 60camarote a la puesta del sol, tiene una curiosa semejanza con Esteban, cuando éste persigue el curso de sus ideas paseando por la playa. Los gestos son idénticos y aunque sus palabras difieren, la diferencia es fundamentalmente una cuestión de retórica. Las palabras de Ahab se acomodan al verso trágico inglés: Lo que me atreví, deseo, y lo que deseo lo cumpliré. Me creen loco. Lo cree Starbuck. Pero soy demoniaco. ¡Soy la locura enloquecida! ¡Locura furiosa que se calma para estudiarse mejor! Profetizan que seré descuartizado, y, ay, perdí esta pierna. Yo profetizo ahora que descuartizaré a mi descuartizador. Ahora y entonces y ahora profeta y víctima son uno. ¡Es más de lo que nunca fuisteis, grandes dioses! No es cierto que Joyce, más que cualquier otro artista, ensanche en su obra el dominio de la conciencia. Ulises no revela más acerca del funcionamiento del espíritu que Les Rougon-Macquart sobre las leyes de la herencia. No se favorece a Joyce insistiendo en que su libro es una demostración científica, y no se le perjudica reconociendo que su verdadera originalidad descansa en una sólida tradición literaria. Nos admira tanto con su consumada habilidad que olvidamos al consciente y hábil artífice que hay detrás de ella. Aunque sea más diestro y complicado que los demás escritores, sigue las normas generales de su oficio común. Aunque el Ulises utiliza los recursos del lenguaje al grado de emplear 29 899 palabras distintas, más de la mitad de ellas aparecen sólo una vez y la mayoría de las demás se emplean con fines tan particulares que no hay ocasión de que se repitan. Casi la mitad de las 260 430 palabras del libro pertenecen a un vocabulario básico de casi un centenar de monosílabos, lo cual —como lo han demostrado en su índice el profesor Hanley y sus colaboradores— coincide justamente con las normas del lenguaje corriente. A veces hay una diferencia significativa: la palabra “calle” es mucho más frecuente en el Ulises que en el lenguaje ordinario. Por otra parte “es” y los principales auxiliares verbales son —debido a la sintaxis telegráfica del monólogo interior — relativamente raros en Joyce. Los hábitos de composición de Joyce eran un verdadero trabajo laberíntico, según lo demuestran sus manuscritos y sus correcciones de pruebas. Una comparación de una página cualquiera del original enviado a la imprenta y la versión final del Ulises, muestra que se hicieron en las pruebas 75 correcciones; y aunque las más de ellas fueron simples detalles mecánicos, hay por lo menos 10 de verdadera importancia. Hay pocas tachaduras o supresiones; siempre se trata de añadir, nunca de quitar. A la reflexión se deben algunos de los rasgos más significativos del libro.

Harry Levin

pag 61

viernes, 16 de abril de 2021

Mircea Eliade EN LA CALLE MANTULEASA

 Entonces las esposas decidieron ojearla y, una vez atontada, golpearla, pisotearla y torturarla. Unas cincuenta mujeres de todos los poblados del valle subieron y cuando la vieron bella y desnuda bañándose en una fuente buscando, con los ojos entre las rocas y los altos arbustos, a un hombre que no hubiera tenido todavía entre sus brazos, se quedaron petrificadas y se persignaron. Oana avanzó a su encuentro, desnuda como estaba, simplemente con su cabellera muy larga cubriéndole el pecho y les preguntó: «¿Qué quieren señoras?»Una salió del grupo y le dijo: «Venimos para hechizarla, señorita, para que deje a nuestros maridos en paz, pero ahora que la vemos, entendemos que no serviría de nada hechizarla. No es como nosotras, pobres mujeres y simples criaturas de Dios. Usted es de una raza de gigantes. Probablemente desciende de judíos gigantes que atormentaron a Nuestro Señor Jesucristo. Eran lo bastante altos y poderosos como para torturar incluso a él, al Hijo de Dios. Siendo así, ¿para qué ojearla? No daría resultado. Pero le rogamos que deje a nuestros maridos en paz. Los pobres no son para usted. Son bastante buenos para nosotras, mujeres valientes que vivimos en el temor de Dios. Vuelva allá de donde vino, busque un marido de su clase. ¡En el país donde nació, debe haber algún hijo de gigante, un muchacho que se case con usted y con el que se podrá entender bien!...». «Señoras, les contestó Oana, si vine a la montaña fue con un propósito deliberado. Está escrito en mi destino que debo buscar aquí a mi marido, y cómo debo encontrarlo. Descenderá un día a mi encuentro, sobre dos caballos a la vez... Y si el jefe de los pastores no me hubiera sometido con un vergajo en la nuca no hubiera conocido varón todavía, porque de todos los pastores que quisieron someterme ninguno ha logrado echarme por tierra. Pero fue por sorpresa que fui violada. Así que no es mi culpa si ahora quiero seducirlos y conocerlos a todos. ¡No soy de madera, yo tampoco!...». «¡Oye, chica, gritó una de las mujeres, un hombre montado en dos caballos a la vez no existe en todo el país! Si eres de una raza de gigantes sería mejor que buscaras un dragón del cielo. Paséate sobre las colinas, desnuda como estás y verás surgir uno de esos dragones cerca tuyo y harán pareja...» Oana la miró detenidamente y sonrió. «¡Muchas gracias, señora! Sus palabras me servirán de lección.»


jueves, 15 de abril de 2021

LOCURA Y REALIDAD LECTURA PSICO-ANTROPOLÓGICA DE EL QUIJOTE

 2. SOLIPSISMO Y RECONOCIMIENTO

 Don Quijote sale de su casa en solitario, sale de su contexto y de su cultura no como un político de la Grecia clásica, sino como un monje del desierto o como un clérigo medieval que se consagra a una misión divina sin comunicar a los parientes y amigos su resolución. Lo primero que tiene en mentes es armarse caballero, lo cual sabe él por los libros que no puede hacerse en términos de autoconstitución, sino de reconocimiento y de investidura, en lo que entra en juego el otro. El monje se hace tal mediante la investidura de las órdenes sagradas, no por pertenecer a una familia de patricios ni por ser propietario de tierras o de capital, pues si lo era tenía que renunciar a todo ese enraizamiento social e histórico para asumir como sujeto absoluto una misión no menos absoluta. Por el camino va desgranando soliloquios sobre sus hazañas venideras, que tienen como destino supremo el ser contadas, con lo que alcanzará su fin último, a saber, la fama, en la versión más apreciada por él, que es existir como relato escrito en el mismo universo de discurso que el libro sagrado: “Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro” (47). En estos pensamientos transcurrió la jornada, y cuando ya empezaba a oscurecer y el cansancio le rendía divisó una venta, que él se representó como castillo, en cuya puerta estaban “dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos harrieros”, pero que él se representó como “dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando”, y como a tales se dirigió a ellas. Las interpeladas, “como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa, y fue de manera, que don Quijote vino a correrse [avergonzarse, confundirse]”. Es lo que ocurre también en nuestras sociedades al que inicia una aventura desanclándose de su sustrato pero sin evitar que éste se transparente de alguna manera y sin lograr una buena integración de su nueva vida imaginada en el contexto en que pretende desarrollarla. Así le sucede al adolescente que se inicia en sus primeras aventuras eróticas o al divorciado que vuelve a intentarlas en unas condiciones difíciles por la edad y el desentrenamiento, al turista que adopta los ademanes de un modelo estándar, al que inicia su escalada en un nivel socioeconómico distinto, o al que se aventura por primera vez en el mundo de los economistas, los intelectuales, artistas, etc, sin dominar las correspondientes jergas culturales, que frecuentemente encuentran personas que al verles actuar tampoco pueden contener la risa. El héroe se desconcierta porque la relación intersubjetiva no confirma la objetividad (su idea de sí mismo como caballero andante). Se ha subrogado en la generalidad del rol, y desde él se imagina hazañas dignas de ser contadas, que valen en su imaginación mientras no tenga en su haber otras efectivas que le granjeen el reconocimiento ajeno, lo cual acontece de modo problemático porque las hazañas no tienen el mismo significado para los distintos sujetos que participan en ellas. En concreto, el encuentro con las mozas de la venta tiene sentidos divergentes que posteriormente pueden llegar a converger. Las venteras se ríen de él al principio, y movidas por la curiosidad y la expectativa de diversión, le siguen la corriente, pero luego, halagadas por el trato de que son objeto por parte del caballero, se sienten reforzadas en su autoestima y dignidad y se van tornando cómplices del texto sagrado, de la imagen que de ellas ha forjado el hidalgo. El juego de la emulación es el procedimiento por el cual un texto, una pauta cultural editada, genera en la psique individual un imaginario que convoca a las pasiones y afectos a la realización del ideal. Así ocurre en los deportes, en las empresas, en las instituciones y en el mundo social en toda su amplitud, donde centenares de modelos pululan por la atmósfera captando la atención de los actores sociales de un modo más o menos transitorio. Las doncellas de la venta no tienen en su imaginario el texto completo, y menos aún de un modo tan acabado como don Quijote, pero conocen la parte que les correspondería desempeñar a ellas y eso es suficiente para moverlas. Las palabras “nunca hubo caballero/ de damas tan bien servido”, despierta en ellas un cierto anhelo por la condición de damas que quizá habrían soñado, y se disponen a asumir el rol ideal que se les asigna, aun con todas las reservas que su sentido realista de la vida les dicta. Comentando este episodio, Unamuno señala que las venteras, al sentirse tratadas según un modo ideal pasan a comportarse y a ser realmente de ese modo, al menos transitoriamente. Así pues, el sentido que las acciones tienen en la mente del hidalgo, en el texto sagrado, posee una fuerza tal que puede llegar a imponerse en un contexto diferente, a saber, en la realidad, es decir, en la subjetividad de los demás participantes, bien sea por persuasión, seducción, adulación, emulación, u otros procesos psíquicos.

JACINTO CHOZA ARMENTA, JUAN JOSÉ ARECHEDERRA ARANZADI.

miércoles, 14 de abril de 2021

Laura Mestre, traductora inédita de la Odisea

 En sus reflexiones acerca de la traducción de textos clásicos, Emilio Crespo (en prensa) afirma que “unas [traducciones] perciben y reflejan aspectos que en otras quedan difuminados, y unas iluminan facetas que en otras están a oscuras y en penumbra”. Antes de pasar a un análisis que nos permita poner en evidencia qué aspectos considera Laura Mestre de pertinencia para ser destacados por encima de otros que necesariamente quedarán excluidos de su traducción, quisiera detenerme un momento en el contexto en que surge esta traducción, y que de algún modo le da sentido, toda vez que el traductor traduce “after and against his predecessors” (Steiner 1998: 412). O sea, ya que la traducción es una actividad agónica, incluso en un sentido más directo y menos subconsciente en que lo es –al menos para Harold Bloom– la propia creación literaria, y si esto es especialmente pertinente en el caso de las traducciones de obras clásicas, que por lo general ya han sido traducidas (cf. Crespo, en prensa) (no digamos ya si se trata de un autor de la estatura canónica de Homero), hay que preguntarse contra quién traduce el traductor, lo que equivale a inquirir por esos aspectos que, postergados por los predecesores, al traductor le interesan ahora sacar a la luz.


Juan Manuel Tabío Universidad de La Habana

Tradición y traducción clásicas en América Latina

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos.

 .., Miguel Hernández

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..
No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.
No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.
Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina

TOMO IV / VOL. X

 Para las fiestas del 16 de julio, los maleantes y los políticos indios recolectaron una enorme cantidad de leña. La víspera, en redor de la fogata, bailé con los maleantes y los indios. El corazón de chacal del gobernador Pantoja –que murió asesinado en su misma gobernación– se conmovió y dispuso que de algunas latas de alcohol que nos decomisaba, se preparasen “yungueños”; (jugo de naranja mezclado con alcohol). Imploré que a los músicos y a los maleantes se les invite un par de vasos… Tal era la debilidad, que todas estas almas se embriagaron… Cantaban, lloraban y bailaban… Un maleante, alto de cuerpo, inteligente, me pidió bailar con él. Me agarré de su brazo, y dimos vueltas a la fogata. “No haga –gritaban los presos políticos– está lleno de piojos y tiene chancro…” Seguí bailando con el “Oso”. Uno de aquellos días el “Oso” se perdió; se hizo nigua. Todos los soldados, el personal de la gobernación, los colonos, los políticos, y los maleantes, buscamos por toda la isla; no lo hallamos… Había cavado una cueva en medio de carahuatas (planta de enormes hojas bordeadas de espinos venenosos); robando un cordero se metió en su escondite… Cuando terminó de devorarlo, y sintió las mordeduras del hambre… dejó la cueva; y se presentó en la gobernación… Fracasé en la defensa que hice… Y mi amigo “Oso” fue conducido al son de una marcha fúnebre, ejecutada por la banda de zampoñas. En Huinchink’a, con los ojos vendados fue fusilado.


Fausto Reinaga

martes, 13 de abril de 2021

No regrets,

 Sergei Yesenin

No regrets, no tears and no complaining,
All, like haze from apple trees, will pass.
Taken by the gold of autumn waning,
I will not be young again, alas.
Having felt the cool touch of the sudden
Draft, my heart, your beating will be dull,
And the land of birch trees, white as cotton,
Won’t entice me for a barefoot stroll.
Vagrant spirit! Less and less of recent
Do you stir my lips to flaming hot!
Oh, my freshness, faded, out of season,
My eyes’ furor, my emotions’ flood!
Did I squander all my dreams and yearning,
Or, my life, were you a dream outright?
As if, on a booming springtime morning,
I took out the pink horse for a ride.
All of us, yes, all of us will perish,
Copper leaves of maples in the sky…
May you be forever blessed and cherish
That you came to blossom, and to die.
1921
***
Не жалею, не зову, не плачу,
Всё пройдёт, как с белых яблонь дым.
Увяданья золотом охваченный,
Я не буду больше молодым.
Ты теперь не так уж будешь биться,
Сердце, тронутое холодком,
И страна берёзового ситца
Не заманит шляться босиком.
Дух бродяжий, ты всё реже, реже
Расшевеливаешь пламень уст.
О моя утраченная свежесть,
Буйство глаз и половодье чувств.
Я теперь скупее стал в желаньях,
Жизнь моя, иль ты приснилась мне?
Словно я весенней гулкой ранью
Проскакал на розовом коне.
Все мы, все мы в этом мире тленны,
Тихо льётся с клёнов листьев медь…
Будь же ты вовек благословенно,
Что пришло процвесть и умереть.
1921

SIN LAMENTOS

Sin quejas, ni lamentos ni llantos
como el humo a través del florido manzano
hasta mí llegó la marchitez dorada
ya no seré más joven y lozano.

Ya no lates con la fuerza de antes
mi corazón tocado por el hielo
y caminar descalzo por el bosque
ya no es una ilusión, no es un anhelo.

El deseo de aventura cada vez es menor
y el fuego de los labios ya se ha ido
¡oh mi joven y lejano frescor
mis antaños pletóricos sentidos!

Ahora son escasos mis afanes
¿he vivido mi vida o la he soñado?
Es como si en un alba primaveral
galopé sobre un caballo rosado.

Nuestro destino es frágil y finito
el cobre de las hojas lento emana
por todos los siglos sea bendito
lo que florece hoy para morir mañana.


CARTA A UNA MUJER


Usted se acuerda, usted, claro, de todo se acuerda,

 cuando andaba nerviosa por la estancia –

yo a la pared pegado –

y me reñía con acerbas palabras.
Decía usted que había llegado la hora de separarnos,

que a causa de mis locuras sufría mucho,

que iba a dedicarse a sus cosas,

y que yo estaba condenado a rodar por la pendiente.
Querida: Usted no me amaba.

Ignoraba que entre el gentío era yo cual caballo espumeante,

espoleado por audaz jinete.

Ignoraba que entre aquella humareda,

en la fosca tormenta de la vida sufría yo,

sin comprender lo que se avecinaba.

De cara a cara no se ve el rostro.

Lo grande se ve a distancia.

Cuando el mar se encrespa, corren riesgo las naves.

¡Y de pronto se convirtió la tierra en una nave!

Alguien empuñó majestuoso el timón rumbo a la nueva vida prodigiosa

 por entre vendavales y tormentas.

¿Quién no se cayó en la cubierta?

¿Quién no vomitó y no maldijo?

Pocos hubo que no se mareasen, que venciesen aquel torbellino.

Entonces entre un clamor salvaje,

sabiendo bien lo que me hacía bajé a la bodega

para no ver vomitar a la gente.

 Aquella bodega era eso: la taberna.

Yo me entregué al vino para no padecer por nadie

y hundirme en la embriaguez.

Querida: La hice sufrir, es cierto.

En sus cansados ojos se asomaba la pena al ver que yo,

ostentosamente,

 me consumía en escándalos diarios.

Pero usted ignoraba que entre aquella humareda,

en la fosca tormenta de la vida, sufría yo,

sin comprender lo que se avecinaba…

•••••••••••••••••••••••••••••••••

Han pasado los años.

Mi edad es ya otra.

Ahora pienso de distinto modo.

Ahora brindo en los días de fiesta por el gran timonel.

Me embargan hoy amables sentimientos.

Al recordar su angustia quiero apresurarme a decirle lo que fui antes,

 lo que soy ahora.

Querida: Me complace comunicarle que no rodé por la pendiente.

Vivo en el Territorio Soviético como el más entusiasta adherente.

No soy ya el de antes.

Ahora no la haría sufrir como entonces.

Tras la bandera de la libertad y del trabajo luminoso,

estoy dispuesto a ir al fin del mundo.

Perdóneme… Sé que usted no es la de ayer.

Ahora vive con un marido serio, inteligente.

A usted no le hacen falta nuestros duros quehaceres,

y yo tampoco le hago la menor falta.

Viva bajo el signo de su estrella, bajo su mansión renovada.
La saluda su amigo que jamás la olvida,
Serguéi Esenin

https://web.archive.org/web/20081221104643/http://www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Serguei_Esenin.html

https://renevergara.blogspot.com/2006/01/sergei-esenin-el-ltimo-poeta-de-la.html

https://www.radiorebelde.cu/noticia/los-motivos-persas-esenin-por-ediciones-vigia-20100210/


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domingo, 11 de abril de 2021

El amor que calla

 


Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro.

Tú lo quisieras vuelto en alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!

Gabriela Mistral

A veces

 


A veces

alguien te sonríe tímidamente en un supermercado

       alguien te da un pañuelo

       alguien te pregunta con pasión qué día es hoy en la

             sala de espera del dentista

       alguien mira a tu amante o a tu hombre con envidia

       alguien oye tu nombre y se pone a llorar

 

A veces

       encuentras en las páginas de un libro una vieja foto

             de la persona que amas y eso te da un tremendo

             escalofrío

       vuelas sobre el Atlántico a más de mil kilómetros

             por hora y piensas en sus ojos y en su pelo

estás en una celda mal iluminada y te acuerdas de un

             día luminoso

       tocas un pie y te enervas como una quinceañera

       regalas un sombrero y empiezas a dar gritos.

A veces

       una muchacha canta y estás trsite y la quieres

       un ingeniero agrónomo te saca de quicio

       una sirena te hace pensar en un bombero o en un

             equilibrista

       una muñeca rusa te incita a levantarle las faldas a tu

             prima

       un viejo pantalón te hace desear con furia y con

             dulzura a tu marido

A veces

       explican por la radio una historia ridícula y recuer-

             das a un hombre que en vida fue tu amigo

       disparan contra ti sin acertar y huyes pensando en

             tu mujer y en tu hija

       ordenan que hagáis esto o aquello y enseguida te

             de quien no hace ni caso

       hablan del tiempo y sueñas en una chica egipcia

       apagan las luces de la sala y ya buscas la mano de tu

             amigo.

A veces

       esperando en un bar a que ella vuelva escribes un

             poema en una servilleta de papel muy fino

       hablan en catalán y quisieras de gozo o lo que sea

             morder a tu vecina

       subes una escalera y piensas que sería bonito que el

             chico que te gusta te violara antes del cuarto

             piso

       repican las campanas y amas al campanero o al cura

             o a Dios si es que existiera

       miras a quien te mira y quisieras tener el poder ne-

             cesario o para ordenar que en ese mismo instante

             se detuvieran todos los relojes del mundo.

A veces

       sólo a veces gran amor


Goytisolo, José Agustín

 http://poesia.uc.edu.ve/la-escritura-es-un-artifici-0/?fbclid=IwAR33X9ccIWiBE_v0NUGYsKWMU8rD83ggmmtG_OXMQ8NbErIUbup9wJmv9hc

jueves, 8 de abril de 2021

Gilles Deleuze, LA ISLA DESIERTA Y OTROS TEXTOS

 La ficción Ficción y naturaleza se reparten a su modo el mundo empirista. Abandonada a sí misma, la mente no se encuentra privada del poder de pasar de una idea a otra, pero da este paso al azar y conforme a un delirici que recorre el universo formando dragones de fuego, caballos alados y gigantes monstruosos. Los principios de la naturaleza humana, al contrario, imponen a este delirio reglas constantes que son las leyes de e so s pasos, tránsitos o inferencias de acuerdo con la propia Naturaleza. Pero, a partir de ahí, se desarrolla una extraña contienda. Los principio s de asociación fijan la mente imponiéndole una naturaleza que disciplina el delirio o las ficciones de la imaginación y, correlativamente, la imaginación utiliza estos principios para introducir .sus ficciones, su s fantasías, para dotarlas de una garantía de la que por sí mismas carecen. En este sentido, es propio de la ficción el fingir las relaciones en cuanto tales, inducir relaciones ficticias y hacernos creer en locuras. Ello se evidencia no solamente en el poder que la fantasía tiene de duplicar toda relación presente mediante relaciones inexistentes, sino sobre todo en el caso de la causalidad, en el cual la fantasía construye cadenas causales ficticias, reglas ilegítimas, simulacros de creencias, ya sea por confusión de lo accidental con lo esencial, ya porque utilice propiedades lingüísticas (que sobrepasan la experiencia) para sustituir las repeticiones de casos semejantes realmente observados por una sim ple repetición verbal que simula su efecto. Este es el motivo de que el mentiroso acabe creyéndose su s mentiras a fuerza de repetirlas; y así proceden también la educación, la superstición, la elocuencia y la poesía. Aquí, la experiencia no se supera en una vía científica que será confirmada por la propia Naturaleza y su correspondiente cálculo, sino en todas las direcciones de un delirio que forma una contra-naturaleza y asegura la fusión indiscriminada. La fantasía se sirve de lo s principios de asociación para torcerlos y conferirles una extensión ilegítima. Hume va a llevar a cabo un segundo gran desplazamiento de la filosofía, que consiste en sustituir el concepto tradicional de error por el de delirio o ilusión , según el cual hay creencias que, m ás que falsas, son ilegítimas, ejercicio ilegítimo de las facultades, funcionamiento ilegítimo de la s relaciones. Incluso en este punto, Kant le debe a Hume algo esencial. Lo que no s amenaza no es el error sino algo peor, la inmersión en el delirio. Y aún es cosa de poca importancia el que las ficciones de la fantasía vuelvan lo s principios de la naturaleza contra sí mismos, mientras lo hagan en condiciones tales que admitan la posibilidad de corrección: así sucede con la causalidad, para la cual un riguroso cálculo de probabilidades puede denunciar las exageraciones delirantes o las relaciones ficticias. Pero la ilusión es especialmente grave cuando forma parte de la misma naturaleza humana, es decir, cuando el ejercicio o la creencia ilegítimos son incorregibles, inseparables de las creencias legítimas, indispensables para su organización. En este caso, el u so fantasioso de lo s principio s de la naturaleza humana llega a ser él mismo un principio. El delirio y la ficción se transfieren a la naturaleza humana. Esto es lo que muestran lo s más difíciles y sutiles análisis de Hume, lo s que conciernen a las ideas de Yo, Mundo y Dios: la posición de una existencia de lo s cuerpos como algo distinto y continuo o la posición de una identidad del yo hacen intervenir toda suerte de funcionamientos ficticios de las relaciones, y especialmente de la causalidad en condiciones tales que ninguna ficción admite ser corregida sino que, al contrario, no s precipita a otras ficciones que también forman parte de la naturaleza humana. En un texto póstumo que es, probablemente, su obra maestra. Hume aplica el mismo método crítico, ya no solamente a la religión revelada, sino a la llamada religión natural y a lo s argumentos teleokágicos en los que se apoya. Hume lleva su sentido del humor hasta u n extremo hasta entonces no alcanzado: hay creencias que, a la vez que forman parte de nuestra naturaleza, son completamente ilegítimas desde el punto de vista de lo s principio s de la naturaleza humana. Sin duda, es ello lo que no s permite comprender la compleja noción de escepticismo moderno, tal y como es elaborada por Hume. A diferencia del escepticismo antiguo, que se basa en la variedad de las apariencias sensible s y en lo s errores de los sentidos, el escepticismo moderno reposa en el estatuto de las relaciones y en su exterioridad. El primer acto del escepticismo moderno consistió en el descubrimiento de la creencia como base del conocimiento, es decir, en la naturalización de la creencia (positivismo). A continuación, el segundo acto consiste en denunciar las creencias ilegítimas como aquellas que no obedecen a las reglas efectivamente productoras de conocimiento (probabilismo, cálculo de probabilidades). Pero, gracias a un último refinamiento, en un tercer acto, la creencia ilegítima en el Yo, en el Mundo y en Dios aparece como horizonte de todas las creencias legítimas posible s o como el grado más bajo de toda creencia. Pues, si todo es creencia, todo es cuestión de grados de creencia, también el delirio del falso conocimiento. El humor, la moderna virtud escéptica de Hume, se opone a la ironía, la antigua virtud dogmática de Sócrates y de Platón.



miércoles, 7 de abril de 2021

Nueve ensayos sobre el amor y la cortesía en la Edad Media

 Sin embargo, lo importante para nuestro propósito es que, al leer esta obra, se percibe mejor el verdadero papel que desempeñó el amor cortés en la promoción de la condición femenina. Ante todo observemos que Andreas Capellanus, como contrapartida de las proclamaciones misóginas cuyo exceso mismo arroja dudas sobre su plena sinceridad, es uno de los primeros en dar la palabra a las mujeres y en atribuirles, en algunos de los diálogos que inventa, opiniones cuyo peso supera netamente al de los hombres. El tratado revela, por otra parte, el beneficio que pudieron extraer las mujeres de la extensión de tantos usos y prácticas que hacían del asalto sexual algo menos brutal y menos peligroso. La disciplina que la literatura amorosa invitaba a practicar les valió el verse, poco a poco, menos rigurosamente vigiladas por su marido o por su padre. Las reglas del juego imponían el relajamiento de esta tutela y es posible pensar que era en el encuentro a solas entre el amante y la amada, en el seno del espacio de libertad que así se abría en los niveles más altos del edificio social, tan limitado, tan efímero, tan estrechamente controlado como estaba por los hombres, donde el poder femenino comenzó a desbordar los límites del gineceo. Pero hubo más. El progreso general, que alcanzó su mayor intensidad en Francia durante el paso del siglo XII al XIII, liberaba a la persona de las trabas colectivas que la encadenaban. Estoy totalmente de acuerdo con Daniel Rocher (1987) cuando recuerda que los ejercicios del amor cortés liberaron de gran parte de su tosquedad el comportamiento de los varones y la política matrimonial de los linajes. Al escuchar los cantares y los romans, los hombres que se pretendían civilizados tuvieron que reconocer que la mujer no solo era un cuerpo del que apoderarse para gozar un instante o al que fecundar con el fin de que produzca descendientes y prolongue la duración de un linaje. Aprendieron que también importa conquistar su corazón, es decir, asegurarse su buena voluntad y que para ello hay que tomar en cuenta la inteligencia, la sensibilidad y las virtudes singulares del ser femenino. Sin duda, a través del fine amour, la cultura caballeresca afirmaba su autonomía ante la cultura de los sacerdotes.

Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo

 Prólogo En septiembre de 1913 —después que Victoriano Huerta asesinó al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez y se adueñó del poder— Martín Luis Guzmán se embarca en Veracruz. De Nueva Orleans sigue por territorio norteamericano a Sonora, en donde se incorpora a la Revolución. Conoce a los principales caudillos y vive en el grupo de jóvenes militares y civiles que han hecho antes lo mismo que él. Tiene 25 años. Sus inclinaciones políticas lo llevaron, dos años antes, a la Convención del Partido Liberal Progresista, y sus aficiones literarias al Ateneo de la Juventud. A poco forma parte del estado mayor del general Ramón F. Iturbe y, durante unas semanas, del general Obregón. Cumple una comisión de Carranza en Chihuahua. Se incorpora a la División del Norte, bajo las órdenes directas de Francisco Villa. Éste lo destaca en la capital como enviado de la División del Norte. Asiste a la entrada de tropas constitucionalistas. Es encerrado en la Penitenciaría y sale, un mes después, por orden de la Convención Militar de Aguascalientes. Sirve como consejero del general José Isabel Robles, secretario de Guerra y Marina, nombrado por la Convención. Ocupa al mismo tiempo los cargos de secretario de la Universidad Nacional y de director de la Biblioteca Nacional. Ha terminado la primera etapa de sus experiencias revolucionarias. En 1915 va por primera vez a España. Publica su folleto La querella de México . Quiere explicarle a sus lectores lo que ha sucedido, lo que está sucediendo en el país. Es la primera reflexión, lejos de su patria, sobre la situación de México. De su impresión del México de entonces queda el epígrafe inscrito en su folleto: «Nada puede hacerse sin la reforma moral de algunos». ¿De algunos? Acaso medita en la modestia de esta palabra, pero decide dejarla. Va a Estados Unidos y se radica en Nueva York. Es nombrado profesor de lengua y literatura castellanas en la Universidad de Minnesota. De vuelta en Nueva York, se dedica al periodismo. En 1919 regresa a México. Trabaja en El Heraldo de México . En 1920 publica su libro de ensayos A orillas del Hudson . Es secretario particular de Alberto J. Pani, Ministro de Relaciones Exteriores, y después miembro del Comité organizador de las fiestas del centenario de la consumación de la Independencia (1921). En 1922 funda y dirige el diario El Mundo , que se publica hasta 1924. A fines de 1923 tiene lugar el levantamiento de Adolfo de la Huerta contra el presidente Obregón. De septiembre de 1922 a diciembre de 1923 es diputado por un distrito de la ciudad de México. En diciembre de 1923 sale nuevamente del país y, después de un viaje por Europa y de vivir un año en Nueva York, va por segunda vez a España, en donde permanecerá hasta 1936: once años, más los meses de una larga estancia en París. En España se dedica al periodismo, participa en las agitaciones que derribarían la monarquía y, al instaurarse allá la república, se ve ligado a los gobernantes españoles. Ha tenido en México su segundo período de experiencias revolucionarias. ¿Revolucionarias? De las últimas marejadas de la Revolución, antes de entrar definitivamente en los cauces constitucionales. Ha presenciado de cerca la revolución de Adolfo de la Huerta, y ha sido diputado en una época de turbulento parlamentarismo. Está ya completa su visión del México revolucionario. En España le obsede una constante reflexión. Van delineándose paulatinamente —como una placa fotográfica al contacto de las sustancias que la revelan— toda su vida de revolucionario, de actor en ciertos casos y de testigo cercano en otros; de periodista político y de diputado, siempre admitido en las altas regiones donde se fragua el poder. En las horas que le dejan libres sus labores periodísticas todos sus recuerdos van adquiriendo perfiles literarios, se componen en un cuadro fácil a la narración. En el arte de escribir —que ha practicado, principalmente en el periodismo, durante años laboriosos— su estilo ha ganado en eficacia, en flexibilidad y en sobria elocuencia desde los tiempos de La querella de México y de A orillas del Hudson . En España, escribe, primero, El águila y la serpiente (1928), especie de memorias que, por momentos —cuando él se sustrae de su propio escenario— parecen una novela. Termina dramáticamente en 1915, cuando, al ir a despedirse de Villa, no sabe si éste lo dejará salir del país, o si, considerándolo traidor a la causa, lo detendrá y lo castigará. Sucede lo primero. Después, reflexionando —durante su destierro no voluntario— en los acontecimientos de México de junio de 1920 a febrero de 1925, escribe La sombra del caudillo (1929). A la narración lineal de El águila y la serpiente sucede ahora la compleja composición de una novela. ¿Qué ha sucedido en México en esos años? Algo que Guzmán ha vivido, en parte, y visto de cerca, en parte: la revolución de Adolfo de la Huerta, el desarrollo de la posición y estratagemas políticas de Jorge Prieto Laurens y su partido, las borrascas de la Cámara de Diputados, la rivalidad de los generales que ambicionan la presidencia de la República, y la creciente autoridad, casi dictatorial, de Obregón. Y, además, algo que, por su ausencia de México, no ha visto, pero que ha tenido amplia publicidad y gran resonancia en la prensa: la lucha política para sustituir al general Obregón al término de su período presidencial, las inquietudes y especulaciones públicas sobre si el poder lo heredaría el general Francisco R. Serrano, Ministro de la Guerra, o el general Plutarco Elías Calles, Ministro de Gobernación. Y, finalmente, el desenlace sangriento: el fusilamiento de Serrano y algunos de sus partidarios en Huitzilac, camino de Cuernavaca a México. Aquellos sucesos eran muy variados y de gran complejidad. Aunque la intervención de Guzmán hubiera sido constante en ellos —como en los anteriores que, con tanta limpieza de perfiles describe en El águila y la serpiente — quedaba la labor de darles expresión literaria. Sus años de periodista, de diputado y de testigo cercano de la revolución de Adolfo de la Huerta revolotean en su memoria. Por otra parte, Guzmán está lanzado en una intensa labor de producción que nada puede detener. Pero ¿cómo dar forma a aquellas nuevas experiencias y recientes sucesos? El desenlace trágico vino, no sólo a completar el cuadro que bosquejaba en su imaginación el novelista, sino a darle un nuevo sentido, a recomponer todo el esquema quese había trazado. Su instinto de artista tuvo la repentina revelación de un final dramático e impresionante. De un final que no corroboró fatalmente lo que tenía de insostenible y equívoca aquella situación. Acaso, con su natural perspicacia política, ya Guzmán había adivinado que ése sería el final; pero se detenía ante él para no parecer pesimista y derogatorio respecto al porvenir de México. El destino, ayudando casualmente al arte, colaboró en su obra. El presidente de la República en aquellos tiempos era todavía un caudillo. No renunciaba a los poderes omnímodos de que gozó en su lucha, ardua y brillante, contra sus enemigos, venciendo a unos y nulificando a los demás. Sus fuerzas militares habían sido irresistibles y bien administradas; su astucia y su inteligencia acabaron por darle una fuerza que todos reconocían y acataban. Las facultades legales de un presidente de la República le resultaban estrechas e insuficientes para gobernar al país, para imponer su política, para establecer definitivamente los dogmas de la Revolución y la línea sucesoria del poder. Su fuerza no era una fuerza moral; era ejecutiva, autoritaria, dictatorial. Su suprema autoridad era incontrastable porque los generales no tenían tropas que oponerle en un duelo militar, y porque a los civiles —gobernadores, senadores y diputados— no les convenía hacerlo porque esa autoridad era el origen mismo de su propia situación. El Caudillo aparece en dos ocasiones en la novela; la segunda más fugazmente que la primera. Con unas cuantas réplicas hábiles, intencionadas, concisas, y unas cuantas preguntas inquisitivas y capciosas. Subraya con la mirada el sentido de sus palabras. Revela en su diálogo el hábito de mandar y la seguridad de ser obedecido. Pero su sombra es inmensa: se proyecta sobre toda la acción de la novela. Todos están pendientes de su decisión. Los que se atreven a desafiarla lo hacen con la esperanza de inclinarla, en determinado momento, en su favor. Cuando se conoce su decisión la acción se precipita hacia la catástrofe. Se reconoce al personaje en los pocos y bien escogidos rasgos que lo describen. Lo reconocen los que lo conocieron, los que lo conocimos. Lo mismo sucede con el general Hilario Jiménez, Ministro de Gobernación. Sus silencios elocuentes, cargados de amenazas; su postura, el juego de sus miradas, su actitud ensimismada, y, finalmente, la explosión de las resoluciones atrevidas en que la voluntad quiere imponerse abierta y ostentosamente. A veces, como con frecuencia lo señaló la voz pública, aparece como el espíritu del mal, el motor de las grandes determinaciones, temerarias, crueles, ignorantes de toda previsión de sus consecuencias. Al lado de ellos el general Ignacio Aguirre, Ministro de la Guerra, si no es inferior, está menos preparado para la lucha. En el fondo es un sentimental, al que duele menos su derrota que la actitud de estudiada frialdad, olvidadiza de diez años de amistad y afecto, del Caudillo. Si éste le hubiera pedido francamente, con cualquier pretexto de orden político, que se retirara de la lucha presidencial, lo hubiera hecho con gusto, contento de colaborar con quien lo tomaba así en sus confianzas. Lo hubiera considerado un servicio a un amigo. Porque, además, el general Aguirre no toma la política en serio, no piensa ni por un momento que su candidatura vaya a beneficiar al progreso democrático de México. Está convencido de que la lucha electoral es todavía un acomodamiento de generales y sus fuerzas, en el que el Caudillo tiene laventaja. Ideales, no tiene ningunos. Además de no tomar la política en serio, no toma tampoco la vida en serio. En esto es inferior al general Hilario Jiménez, su contrincante. Es simpático por naturaleza y de un cinismo complaciente. Más que ninguna pasión política lo mueve el resentimiento de que el Caudillo lo haya puesto, con unas cuantas réplicas glaciales, fuera del círculo de su amistad. Lo llevan ciegamente a la acción, por un lado, su amistad ofendida, y, por otro, la amistad, el afecto y los intereses de los que son o parecen ser sus amigos. Olivier Fernández, el jefe de un importante partido oficial, es un atrevido organizador de estratagemas que hasta entonces habían tenido éxito. Hábil especialmente para moverse, como el salmón, en aguas tumultuosas; pero con todo su despierto instinto político carece de ideales democráticos, y es, en el fondo, indiferente a la redención política de México. Decidido, valiente y buen orador, está pintado con sus palabras y confusos propósitos. Hay en él algo de fuerza juvenil, por momentos arrolladora. Pero está empeñado en la lucha sólo para asegurar el poder, sin saber cuál será, en definitiva, la mejor utilización de él. Las figuras de los militares que intervienen —Leyva, Ibáñez, Elizondo y otros — son víctimas de la situación política, último desarrollo de la Revolución, cuando los grados se ganaban por heroísmo, por buena fortuna o por amistad. Y había que entrar en política, porque todavía los vaivenes de ésta podían despojarlos de su situación —siempre ventajosa— o nulificarlos. En aquellos momentos ¿Cuántos generales no se sintieron dignos de ocupar la presidencia de la República? Algunos hasta pensaban que la presidencia era como el grado siguiente al de general de división. Su conducta, que aparece en la novela interesada, tortuosa hasta el engaño y la traición, se debe a que no existía todavía una clase militar organizada dentro del cuadro administrativo, con todas las seguridades debidas a su categoría profesional. Y se defendían interviniendo en política, con los medios que tienen los generales: la fuerza de sus tropas. En gran parte de la historia de México y de Hispanoamérica esta doble función ha sido la causa de revoluciones y de nuestro atraso político. Algunos de estos generales pasan fugazmente por la novela; otros se detienen y, unas veces, se les ve obrar con refinada malicia, y, otras con expresiones primitivas. Todos están pintados con rasgos esenciales, en unas cuantas líneas, con perspicaz sobriedad. Al lado de Olivier Fernández —el líder político amuchachado— la otra figura civil más importante es Axkaná González. Él sí tiene ideales, allá en el fondo, a lo lejos, bien claros para él y visibles para los demás. Es honrado y todavía no lo corrompe la política. Pero, como tantos jóvenes cultos que se incorporaron a la Revolución, sabe que esos ideales necesitan de la fuerza político-militar, sin el apoyo de la cual no tienen sostén para influir en la vida pública. Y se ha unido a los que disponen de esa fuerza o pueden tenerla pronto. A veces los acompaña en su vida de placer y disipación, para no salir del grupo y conservar la oportunidad de su influencia y colaboración futuras. A veces sirviendo, no sólo con lealtad sino con disimulado servilismo, que esos jóvenes disculpan con la esperanza de un próximo cambio. Algunos suelen perder de vista que ese cambio esperado es tan lejano —quién sabe por cuántos años— que resultará imposible. Pero conservan sus ilusiones, y se conforman con los pequeños triunfos que pueden lograr —si los logran— paramejorar en algo, a veces en casi nada, la situación del pueblo. En ocasiones esa esperanza va disolviéndose hasta desaparecer, y entonces, sin sentirlo, acaban por ser instrumentos dóciles de las dictaduras. Pero aquietan su conciencia o justifican su conducta con aquella esperanza que saben que nunca se realizará. ¿Cuál hubiera sido el destino final de Axkaná? Cualquiera de los dos. Pero lo que es más asombroso en la novela es la pintura del ambiente. Está logrado con la acumulación de detalles bien observados, captados de la realidad. Las acciones secundarias se combinan con las principales; los personajes menores completan el elenco de los mayores. Y todo ello se conjuga para dar una visión de conjunto, de relieves impresionantes. Es un cuadro integral, de extensas márgenes, como esos lienzos históricos en que el pintor, dentro de su ámbito, ha utilizado modelos hasta para las figuras que se están saliendo del cuadro. Está ahí todo lo que el autor ha visto en su larga vida política, en su trato y contactos con militares y civiles, en las ocasiones en que fue testigo de sus momentos de placer y disipación, y lo que ha percibido a través del smog de desorientación, inmoralidad, traición y cinismo que, en un tiempo, cegó a unos y ahogó a otros. Cuando las aguas desbordadas de la Revolución rompieron compuertas y represas, que después deberían contenerlas y encauzarlas. Por ser tan real y bien compuesta, el profesor Manuel Pedro González considera La sombra del caudillo como una de las mejores novelas de ambiente político de Hispanoamérica. En su elaboración hay que alabar su eficaz y voluntaria sobriedad. Hay novelas en que el autor insiste; en que se repite, temeroso de que el lector no haya entendido; en que prolonga con inútiles desarrollos sicológicos la revelación que los personajes han hecho ya de sí mismos. En esta novela todo es justo, todo dicho con elegante ahorro verbal que no requiere amplificación. Todo descrito para presentar personajes, escenas, situaciones, diálogos y paisajes con puntualidad, sin confusión en las líneas, sin exceso en los claroscuros, sin manchones en las sombras. Lectura fácil y fluida, por su estilo todo galas geométricas. La novela deja una triste impresión: ¡así éramos, desgraciadamente, hace cincuenta años! Y un consuelo final: ¡cómo hemos cambiado, por fortuna, desde entonces! Antonio Castro Leal.