Novecientos años nos separan de Hildegard von Bingen y su mundo. Las coronas y las túnicas de seda blanca resplandeciente con que se vestían ella y sus monjas para el rito ya no existen, como tampoco existe Rupertsberg, su monasterio, destruido hace ya siglos. Pero atravesando el muro de los siglos han quedado sus palabras, incluso su sonido, y las imágenes de sus visiones petrificadas en las miniaturas. Hay una miniatura que no me deja desde hace ya cierto tiempo: es ella misma recibiendo en su rostro vuelto hacia el cielo las llamas del Espíritu como garras poderosas en la versión del manuscrito de Wiesbaden (pág.. 181), como un rio de agua roja en el manuscrito de Lucca (pag. 249). Esta sentada escribiendo sobre unas tablillas de cera, trasladando en palabras lo que le llega en el fuego divino. Y al contemplar estas dos miniaturas hay que oír las palabras de Hildegard: «Sucedió en el año 1141 después de la encarnación de Jesucristo. A la edad de cuarenta y dos años y siete meses, vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramo como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho. No ardía, solo era caliente, del mismo modo que calienta el sol todo aquello sobre lo que pone sus rayos. Y de pronto comprendí el sentido de los libros, de los salterios, de los evangelios y de otros volúmenes católicos, tanto del antiguo como del nuevo testamento, aun sin conocer la explicación de cada una de las palabras del texto, ni la división de las silabas, ni los casos, ni los tiempos» (Scivias, Atestado, pag. 180).iQue quiere decir todo esto? cómo es posible la comprension instantánea de todo lo que hay que comprender? En esta misma revelación Hildegard von Bingen recibió la orden del cie-lo de escribir todo cuanto viera y oyera. Con los ojos y los- dos interiores... fue el comienzo de su primera obra profetica, Scivias, y desde entonces la escritura le acompaño hasta la muerte. Es una escritura que despliega una imagen de Dios, del mundo y del hombre, una cosmovisión donde todo esta com- prendido y explicado. Esta misma mujer, que veia, oía y escriba, curaba a enfermos que desde todos los lugares acudían a ella, imponiendoles las manos como habrá hecho Jesucristo, asperjandolos con agua y sacándoles los demonios del cuerpo mediante los ritos propios del exorcismo. Trozos de sus cabellos depositados junto a los enfermos sirvieron para su curación. Una intensa extrañeza cubre a nuestra mirada todos estos actos, sus palabras y sus silencios, o las mismas imágenes que se contemplan en las miniaturas. Hay que reconocer que todo ello pertenece a otro mundo al que solo podemos acercarnos con ex- traordinaria dificultad. Incluso dentro de ese mundo extraño Hildegard von Bingen es un enigma. Lo fue para su siglo (entre otras cosas, ;que hace una mujer escribiendo?), aunque, sin duda, de un modo muy diferente de como lo es para el nuestro. Es mejor aceptar su enigma, pues intuimos que allí donde se quieren ver identidades hay todavía mucha mayor diferencia. Y, sin embargo, y a pesar de esa profunda extrañeza, hay algo que parece elevar el hecho de esta mujer por encima de su época, como si su experiencia pudiera de pronto abandonar esa alteridad tan imposible, para instalarse instructivamente en este final de siglo XX. Quizás, lo mas fascinante del caso de Hildegard von Bingen resida justamente en que es posible saber de su experiencia, lo que no deja de ser sorprendente. La documentación conservada -biografía, fragmentos autobiográficos, mas de doscientas cartas, al margen de la obra- permite acceder a su personalidad, lo que no es nada habitual tratándose de un autor procedente de una cultura tradicional, siempre tendente a borrar las huellas de la autoria. Es tan inusual que de inmediato aparece la tentación de pensar en la falsificación, tan practicada en la Edad Media, si no fuera por el riguroso estudio de Marianna Schrader y Adel- gundis Fiihrkotter, que demuestra la veracidad de su autoría,..Ya en su propia época, la vida de Hildegard von Bingen (1098-1179) fue objeto de gran interés y atención. Posiblemente se debió al hecho de que su vida fue una vida extraordinaria, y también a que vivió en una época que comenzaba a explorar al individuo, tanto en los monasterios cistercienses como en las escuelas urbanas o en la expresión lirica de los trovadores del sur de Francia. Los que la rodearon recogieron datos biográficos y ella misma debió de sentir la necesidad de explicar «lo que le sucedía», «lo que le habia sucedido». En la intimidad de la conversación debieron de surgir las palabras en primera persona que quizás pudieran haber formado una autobiografía, pero que habían de quedar como fragmentos insertos en la biografía. Quizás fue Volmar, el monje de Disibodenberg que le acompano durante mas de treinta anos como su secretario y colaborador, el primero que las oyó y recogió. Lo único cierto es que esas palabras en primera persona resuenan en la biografía que finalmente elaboro Theoderich von Echternach despues de la muerte de Hildegard en la década de los ochenta del siglo XII. En el interior de esta Vida las palabras de Hildegard se refieren directamente a la experiencia de la visión, asombrosa para ella misma: "A los tres anos vi una luz tal, que mi alma tembló, pero debido a mi niñez nada pude proferir acerca de esto. A los ocho años fui ofrecida a Dios para la vida espiritual y hasta los quince vi mucho y explicaba algo de un modo muy simple. Los que lo oían se quedaban admirados, preguntándome de donde venia y de quien era. A mí me sorprendía mucho el hecho de que, mientras miraba en lo mas hondo de mi alma, mantuviera también la visión exterior, y asimismo el que no hubiera oído nada parecido de nadie, hizo que ocultara cuanto pude la visión que veía en el alma»...No se sabe en que momento de su vida Hildegard recordó su primera visión de luz, ni el temblor, ni tampoco su sentimiento de soledad ante lo que solo a ella sucedia...«Entonces en aquella visión fui obligada por grandes dolores a manifestar claramente lo que viera y oyera, pero tenia mucho miedo y me daba mucha vergüenza decir lo que había callado tanto tiempo [...] En esta visión comprendí los escritos de los profetas, de los Evangelios y de otros santos y filósofos sin ninguna enseñanza humana y algo de esto expuse, cuando apenas tenia conocimiento de las letras, tal y como me enseno la mujer iletrada»
Lírica y prosa de un polígrafo, de los autores de todos los tiempos, artes, filosofía, ciencia y mucho más... Levantarse como un taumaturgo resuelto a poblar su jornada de milagros, y caer de nuevo en la cama para rumiar hasta la noche penas de amor y de dinero…
lunes, 31 de mayo de 2021
jueves, 27 de mayo de 2021
LA TIERRA DEL DESEO DEL CORAZÓN, WILLIAM BUTLER YEATS
[The Land of Heart’s Desirej. Obra en un acto del dramaturgo, poeta y narrador angloirlandés William Butler Yeats (1865-1939), publicada en 1894.
Es una comedia de hadas, lírica más que dramática, basada en la leyenda medieval de que en la víspera del primero de mayo las hadas raptan a la recién casada que les ofrezca fuego y leche. Maire, nueva desposada, reprendida por su suegra porque en vez de ayudarla en sus labores domésticas se sumerge en la lectura de un libro de hadas, ofrece una taza de leche a una vieja desconocida que ha llamado a la puerta de su cocina al atardecer, y, más tarde, una brasa a un viejo para encender la pipa. A los vivos reproches que la suegra le hace, Maire responde, enojada, que está cansada de vivir en aquella triste casa. Se oye cantar, y una joven con cabellera de oro, vestida de verde, entra y todos quedan admirados.
El párroco allí presente, viendo que el crucifijo la asusta, lo retira de la pared. La joven comienza a bailar e invita a la joven esposa a que cabalgue sobre los vientos con ella. La familia se refugia junto al sacerdote, quien no puede ahora hacer nada sin el crucifijo. El esposo de Maire, Shawn, intenta retener a su esposa en nombre del amor, pero ella ha sido hechizada para siempre y robada por la joven; y cuando él se precipita para agarrar la guirnalda de prímulas que ésta ha ceñido alrededor de la nueva esposa, no encuentra en su mano más que un puñado de hojas de un ramito de fresno. La mágica fantasmagoría conquistó al público desde la primera representación, y ha quedado entre las más célebres expresiones del simbolismo de Yeats, en muchos aspectos afín al Simbolismo (v.) francés. Premio Nobel 1923.
EL ORDEN DE LO POÉTICO EN THE TOWER DE WILLIAM BUTLER YEATS
1. Introducción: la cuestión cultural-nacional irlandesa de principios del siglo XX Cuenta una antigua leyenda gaélica que un joven llamado Teig O’Kane pagó un alto precio por sus vicios, por blasfemar el buen nombre de su padre y por deshonrar a una de las mujeres de su pueblo natal, County Leitrim. Ante el dilema del matrimonio forzoso o del exilio, el angustiado Teig decide salir a caminar hasta altas horas de la noche. Cuando en medio de sus divagaciones se da cuenta de que es medianoche y decide regresar, es interrumpido por los murmullos y la aparición de unos veinte enanos grises. Éstos arrojan en la mitad del camino un cadáver que cargaban con dificultad y uno de los pigmeos -los cuales son catalogados como trooping fairies, o hadas militantes- le exige a Teig que pague sus injurias con su esclavitud. Aunque rechaza las órdenes de sus extraños amos e intenta escapar, Teig es capturado rápidamente y le colocan sobre su espalda aquel cadáver que, para su sorpresa, se adhiere a él como si fuera un jinete. Las hadas le imponen una misión que, en caso de cumplirse, lo liberaría: debe buscar en las próximas ocho horas un cementerio anexo a una iglesia en el cual pueda enterrar a su carga, siempre y cuando ésta acepte su morada y deje todo en orden, como si Teig nunca hubiera ingresado en búsqueda de un pedazo de tierra. En caso de no lograrlo, será encadenado como sirviente por toda la eternidad. La tenebrosa labor impuesta se explaya por las indicaciones de aquel cadáver, quien se aferra a su cuerpo con mayor fuerza con cada paso que Teig da mientras le susurra hacia dónde y cómo debe desplazarse. En el primer cementerio Teig falla rotundamente: a pesar de cavar en varios terrenos, en todos ellos encuentra cuerpos que exigen que se desplacen hacia otro lado. Continúa con su caminata por otros cementerios, guiado por las entrecortadas palabras del cadáver y por las señas denotadas por sus dedos. Próximo a amanecer y muchos kilómetros lejos de casa, en el angosto cementerio de Kill-Breedya Teig encuentra una última tumba vacía en la cual puede otorgarle reposo a su carga y ofrecerle un modesto entierro. Una vez su misión finaliza, descubre que las hadas han dejado de atormentarlo, da gracias a Dios y regresa a casa para casarse con el mayor de los honores. 7 En los años cercanos al ocaso del siglo XIX el aún joven William Butler Yeats se embarcó en la laboriosa pero gratificante tarea de intentar resolver una incógnita que resumía las problemáticas alrededor de la inestabilidad política en Irlanda: ¿qué es ser irlandés? El ecléctico dramaturgo, cuyos primeros pasos hacia la poesía apenas emergían, reconocía la existencia de una oculta fuerza latente en el suelo de Dublín y sus alrededores, una voz que lo llamaba y que clamaba por una magna manifestación. Sus inquietudes lo dirigieron a indagar en la fuente de la tradición irlandesa para documentarla: la población misma. En sus antologías Fairy and Folk Tales of the Irish Peasantry (1888, a la cual pertenece la leyenda resumida anteriormente) y en The Celtic Twilight (1893) compiló el fruto de sus investigaciones, es decir, la recolección y clasificación de varias leyendas, mitos y creencias del campesinado en donde las hadas, los gigantes y los espíritus eran inherentes a la tierra. Estas mágicas voces no se manifiestan ante cualquiera; como menciona Yeats en el prólogo de Fairy and Folk Tales of the Irish Peasantry,
https://www.hisour.com/es/the-life-and-works-of-william-butler-yeats-national-library-of-ireland-51285/
HERNÁN MAURICIO SANABRIA TRUJILLO
THE CHANGELING
miércoles, 19 de mayo de 2021
Leía así por casualidades de la vida ...
Leía así por casualidades de la vida
un texto de Ortega y Gasset, decía
que Goya es mas que una leyenda
su persona ha sido trasfigurada en mito
que era un pendenciero dado a los toros
a las damas que pintaba eran sus amantes
que se fue a duelo porque alguien oso
defenestrar su obra pictórica. Ósea todo
esto no son mas que puras exageraciones
algo así como un chismerío histórico,
que no debemos temer tratar de narrar
su biografía de una manera realista
yo pobre escritor amante de la ficción
de las mas rebuscadas e imaginadas
cosas que le encanta leer, quedo a gusto
con esos versos raros de ese poeta
quien todo lo exagera diciendo que sus
dominios no son mas que tierras de ensueño
a mi me gustaría ser recordado mas por mi obra
que por mi persona, pues soy solo un humano mas,
mientras que deseara mis poemas me sobrepasaran.
MP
martes, 18 de mayo de 2021
Las almas del purgatorio
De este modo, Úrsula «negó» su carne vistiendo un cilicio y ayunando cuando sus guías espirituales le decían que lo hiciera, incluso cuando se sentía débil y frágil. Ella sabía que muchas místicas comenzaron a torturar su carne a tierna edad: por ejemplo, una descripción impresa de Mariana de Jesús (1618-1645), a quien se conocía como la «Azucena de Quito», dice que cuando niña llevaba una pesada cruz a su espalda, la cual constantemente le hacía caer (Espinosa Polit, 1957). De modo que al igual que otras místicas, Úrsula se sometía a sí misma a tareas degradantes y pesadas. En la enfermería cuidaba de los pacientes más contagiosos y físicamente repulsivos, ofreciéndose a lavar las ropas infectadas, y limpiaba el desagüe248. Ella era ciertamente consciente de que Rosa de Lima, su contemporánea, echó cal en sus manos después de que alguien admirase su tersa belleza. También estaba familiarizada con otros actos de auto-mutilación descritos en el Flos sanctorum, o llevados a cabo por las monjas de su comunidad. Pero estas prácticas fundadas en el supuesto de que el cuerpo femenino era corrupto, pecador y débil no encajaban bien con la noción que Úrsula tenía del mismo y de la feminidad249. A diferencia de las «privilegiadas» visionarias blancas contemporáneas, Úrsula no buscaba activamente definirse a sí misma como pasiva y frágil, pues su noción del cuerpo femenino (y de la feminidad) jamás suscribió plenamente este modelo dominante (MacLay Doriani, 1991, pp. 203-206).
Las almas del purgatorio: El diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús, una mística negra del siglo XVII
sábado, 15 de mayo de 2021
La manzana de la discordia
La manzana de la discordia
engendro esta guerra, Helena
la mas bella de entre todas
Afrodita me cegó con su promesa
perseguiría el hilo de Ariadna
Dos ciudades se van a las armas
los guerreros se ven frente a frente
pero Yo creyéndome el mas esforzado
cuando vi en tus ojos la ira
de la traición y el abandono
di vuelta hacia las puertas, hui
tres veces redondee las murallas
mas dije: no caeré en vano
volví hacia a ti, diosa en armas
pero era demasiado tarde
traspasaste mi corazón con una lanza
mientras agonizaba dolidamente
mire tus ojos y mis ultimas palabras
fueron: Odi et amo. omnia sī faciās.
MP
Teoría de la historicidad. Mariano Álvarez Gómez.
Esto nos lleva a su vez a la tercera consideración relativa a la influencia que la historia como narración, por más lograda que esté, puede tener sobre la vida, teniendo en cuenta que tal narración carece de vida ella misma. De los discursos, que como los de Pericles reflejan un estado de ánimo colectivo, se podrá decir que tienen un carácter muy limitado y selectivo, pero responden al espíritu de una época determinada. Los conocimientos que proporcionan de la historia son abstractos, si se los compara con los conocimientos, en su mayoría problemáticos, de los que la memoria se muestra convencida, en parte porque los identifica con la vida de la que es portadora y que cree representar legítimamente. Esta tercera consideración, unida a la segunda, nos coloca ante lo que son diferencias generacionales. A medida que el pasado se distancia, deja de ser un contenido de la memoria, pero esto ocurre de una forma desigual para unas generaciones y para otras. Para aquellas generaciones, que no han tenido nada que ver con la Guerra Civil española, ni de forma directa ni de forma más o menos próxima, las narraciones provenientes de quienes todavía tienen aquellos acontecimientos en su memoria tienen que tener un significado diferente del que es característico de la vivencia o del testimonio inmediatos. Aquí es donde la historia, no politizada o ideologizada, sino comprometida con la verdad y la objetividad estrictas - por más difíciles que sean de lograr - puede ejercer una función terapéutica muy saludable.
Árbol y Hoja y el poema Mitopoeia
Cuando leo Macbeth, encuentro a las brujas aceptables: poseen una función narrativa y una anticipación de tenebroso significado, a pesar de que resultan vulgares, las pobrecillas. En una representación son casi insoportables. Y me lo parecerían totalmente de no ser por la impresión favorable que de ellas obtuve en mis lecturas de la obra. Dicen que mis sentimientos serían otros si tuviese la mentalidad de aquella época, con su caza de brujas y los juicios subsiguientes. Lo que equivale a decir: si considerase posibles a las brujas, más aún, probables, en el Mundo Primario. En otras palabras, si dejasen de ser «fantasía». Este argumento dilucida la cuestión. Hay un destino casi seguro para la Fantasía cuando cae en manos de un dramaturgo: termina evaporada o envilecida, hasta con un dramaturgo como Shakespeare. En realidad, Macbeth es la obra de teatro de un autor que, al menos en esta ocasión, debería haber escrito una narración, si hubiese tenido la habilidad y la paciencia para hacerlo.
Otra razón de más peso que la inadecuación de los efectos escénicos es, según creo, ésta: el Teatro ha intentado ya, en razón de su misma naturaleza, una especie de falsa magia, ¿o tendría que llamarlo sucedáneo?: la materialización en el escenario de los personajes imaginarios de una historia. Esto ya es en sí mismo un intento de usurpar la varita de los magos. Aunque la tramoya resultase un éxito, añadir más magia o fantasía a este mundo secundario y casi mágico sería postular, por así decir, un mundo aún más profundo o terciario. Y eso ya es demasiado mundo. Acaso no sea imposible lograrlo. Pero yo nunca he visto hacerlo con éxito. Y por lo menos no se puede afirmar que sea el estilo más idóneo para el teatro, en el que se ha comprobado que el medio natural del Arte y la ilusión es la gente normal y corriente.
Por esta concreta razón, porque en el teatro no hay que imaginarse los personajes, ni siquiera los escenarios, sino verlos realmente, el Teatro es un arte fundamentalmente distinto del narrativo, a pesar de que haga uso de materiales similares: la palabra, el verso, el argumento. Por tanto, si uno prefiere el Teatro a la Literatura (caso clarísimo de muchos críticos literarios) y basa sus juicios sobre todo en la crítica dramática o en el mismo Teatro, queda predispuesto a entender mal la pura narrativa de ficción y a constreñirla a las limitaciones de las representaciones escénicas. Es más probable, por ejemplo, que prefiera personajes, hasta los más groseros y elementales, a objetos. En una obra de teatro se encontrará muy poco sobre los árboles como tales.
Ahora bien, esas obras con las que, según numerosas crónicas, los elfos han obsequiado a los hombres, ese «Teatro de Hadas» puede reflejar la Fantasía con un realismo e inmediatez que escapan al alcance de cualquier tramoya humana. No es, pues, de extrañar que su efecto normal en el hombre sea el de sobrepasar la Creencia Secundaria. Si asistimos a una obra de teatro élfica, nos encontramos, o así lo creemos, metidos de lleno en el Mundo Secundario. La experiencia puede ser semejante a la del Sueño y, al parecer, con él la ha confundido a veces el hombre. No obstante, el teatro de hadas nos hunde en un sueño tejido por otra mente, y puede que la noción de este hecho inquietante se nos escape. La experiencia directa de un Mundo Secundario es brebaje harto fuerte, y le concedemos Credibilidad Primaria, a pesar de que los hechos sean maravillosos. Quedamos así burlados. Que tal sea la intención de los elfos en todas o en algunas ocasiones, ésa ya es otra cuestión. En cualquier caso, ellos no quedan burlados. Consideran esto un aspecto del Arte, diferente de la Magia o de la Brujería propiamente dichas. No viven en ese mundo, aunque puedan quizá dedicarle más tiempo que nuestros artistas. El Mundo Primario, la Realidad, es el mismo para los elfos que para los hombres, aunque percibido y valorado en forma distinta.
Creo que se hacen precisas unas palabras sobre esta habilidad élfica, si bien todas las que se le han dedicado han quedado borrosas y confundidas con otras cuestiones. Tenemos la Magia a mano. Yo mismo la he mencionado antes (p. 21 [35] ), aunque no debería haberlo hecho. La palabra Magia habría que reservarla para dar nombre al tejemaneje del Mago. Y el Arte es la actividad humana que da origen en su desenvolvimiento a la Creencia Secundaria, a pesar de que éste no es único y primordial objetivo.Esa misma clase de Arte, pero más exquisito y menos laborioso, pueden utilizarlo los elfos, o al menos así parecen indicarlo las crónicas. Sin embargo, a la más poderosa y típica habilidad élfica la denominaré Encantamiento, por carecer de un término menos controvertible. El Encantamiento genera un Mundo Secundario accesible tanto al creador como al espectador, para mayor gozo de sus sentidos mientras se hallan inmersos en él; y en estado puro es artístico tanto en deseos como en designios La Magia produce, en cambio, o pretende producir, una alteración en el Mundo Primario. No importa a quién se atribuya su práctica, hadas o mortales, aparece distinta de las otras dos manifestaciones; no es un arte, sino una técnica; desea el poder en este mundo, el dominio de las cosas y las voluntades.
Árbol y Hoja y el poema Mitopoeia con una introducción de CHRISTOPHER TOLKIEN
jueves, 6 de mayo de 2021
Ernesto Sabato Sobre heroes y tumbas.
Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal, son las únicas que puedo escribir. Más, todavía, son las incomprensibles historias que me vi forjado a escribir desde que era un adolescente. Por ventura fui parco en su publicación, y recién en 1948 me decidí a publicar una de ellas: El Túnel. En los trece años que transcurrieron luego, seguí explorando ese oscuro laberinto que conduce al secreto central de nuestra vida. Una y otra vez, traté de expresar el resultado de mis búsquedas, hasta que desalentado por los pobres resultados terminaba por destruir los manuscritos. Ahora, algunos amigos que los leyeron me han inducido a su publicación. A todos ellos quiero expresarles aquí mi reconocimiento por esa fe y esa confianza que, por desdicha, yo nunca he tenido. Dedico esta novela a la mujer que tenazmente me alentó en los momentos de descreimiento, que son los más. Sin ella, nunca habría tenido fuerzas para llevarla a cabo. Y aunque habría merecido algo mejor, aun así con todas sus imperfecciones, a ella le pertenece.

