jueves, 12 de mayo de 2022

Un eclipse parcial de sol...

 Un eclipse parcial de sol

llamaradas fulgentes emitió

días soleados en los inviernos

entre este topacio parlante

con la luna en la peluquería

danzante fluyen gotas de roció

vapores husmeantes desprendidos

por verdes laderas entre ventiscas

de donde provienen portentos limítrofes

al borde de los mapas que queda?

se acaban los senderos, las almas

un silencio que es nada pisoteado

por los pies intrusos en sus dominios

cae una brisa que no cesa nunca

resbala por los cabellos y los dedos

la ropa se ha humedecido los zapatos

parecen tener un agua de helados tintes

duelen los huesos cuando arrecia

no se pueden cerrar los puños 

arden ojos no puedo limpiar sudores

el cuerpo esta en su limite quizás

pero da mas espanto el laberinto

de aguas arenosas que bajas a borbotones

los pasos se dan hacia lo desconocido

pero al cruzar una esquina se avisa

civilización se siente uno alegre de ello

que esa mala mañana lluviosa dio termino

que la gente huyo en los paraderos tomando

cualquier bus hacia cualquier lugar

los observaba debajo de un tejado oxidado

mientras alguien sacaba verduras frescas

pero a ese cuadro tuve que ingresar

la lluvia era real el hambre era real

las calles inclinadas húmedas, arenosas

resbalosas y el temor de dar un paso

en falso, resbalar y caer al vacío

un prado húmedo y verde fue un atajo

dio una vista de varias montañas

tocar al subir una helada baranda

la mano muy firme aferrarse a Ella

luego bajar por inclinadas pendientes

con talones y pantalones embarrados 

entre los escabrosos escalones mal hechos 

comer una minúscula nimiedad fugaz

volver enhiesto a la civilidad

después de sentirme expulsado cual

reo que no sabe que condena ha de pagar

Este quizás sea el precio de la libertad


mp


martes, 10 de mayo de 2022

Oda - XXXI A APOLO - Horacio

 LA PLEGARIA DEL POETA


HORACIO: CARMEN I, 31

 Quid dedicatum poscit Apollinem vates? Quid orat, de patera novum fundens liquorem? Non opimae Sardiniae segetes feraces,

non aestuosae grata Calabriae armenta, non aurum aut ebur Indicum, non rura, quae Liris quieta mordet agua taciturnus amnis.

 Premant Calena falce quibus dedit Fortuna vitem, dives ut aureis mercator exsiccet culillis vina Syra reparata merce,

dis carus ipsis, quippe ter et quater anno revisens aequor Atlanticum impune: me pascunt olivae, me cichorea levesque malvae.  

Frui paratis et valido mihi, Latoe, dones, at, precor, integra cum mente, nec turpem senectam degere nec cithara carentem.


***

¿Qué le reclama a Apolo en su dedicación el poeta inspirado? ¿Qué pide al derramar vino nuevo de la patera? No las mieses feraces de la opulenta Cerdeña, no los gratos rebaños de la ardiente Calabria, ni el oro o el marfil de la India, ni las campiñas que el Liris, silenciosa corriente, muerde con su agua serena. Poden con la hoz de Cales su vid, a quienes la Fortuna se la concedió, para que el rico mercader apure en vasos de oro sus vinos trocados por mercadería siria, hombre querido de los dioses mismos, ya que tres y cuatro veces por año contempla impune el Atlántico: a mí me sacian aceitunas, achicorias y malvas ligeras. Gozar sano de lo que dispongo, ¡oh hijo de Leto!, concédeme, pero, te ruego, con mente lúcida, y pasar una vejez ni torpe ni carente de cítara.


***

  

¿Qué pide el vate a Apolo en el día de la consagración de su templo? ¿Qué le ruega al derramar el vino nuevo de su copa? No las mieses opimas de la feraz Cerdeña, no los lucidos rebaños de la ardiente Calabria, no el oro o el marfil de la India, ni los campos que socava con sus tranquilas ondas el Liris silencioso.

  Coja la podadera de Cales el que deba a la Fortuna grandes viñedos, y apure en copas de oro los vinos comprados con las esencias de Siria, el rico mercader a quien protegen los dioses, permitiéndole atravesar impunemente el Atlántico tres o cuatro veces al año. 
  La aceituna, la achicoria y la humilde malva proveen a mi sustento, y sólo te suplico, hijo de Latona, que me permitas gozar sano de cuerpo y alma los pocos bienes adquiridos, y que no se arrastre torpemente mi vejez, privada de pulsar la cítara.