lunes, 26 de octubre de 2020

Araceli Mancilla

 Me gusta escuchar a los demás. Hago música, poesía. Eso es la poesía: hacer. Guardo silencio ante las libaciones. Se derrama una copa de vino, se derraman tres, pero no veo al dios. Hoy lo convocan. A eso he venido. Mi música es aire dulce, suspendido e ignorado en el fondo de la conversación. Mi hacer seduce, encubre, sin embargo nadie lo celebra. Si me fuera, si mi música me siguiera igual que una péndola se deja mecer por el azar, estas voces quedarían a la deriva, diciendo cosas trascendentes con aspereza; estrellándose, quebrándose en su sabiduría. No me iré. Vine a conocer al más anciano de los dioses. Año tras año, de boca en boca se habla de él. Fue el primero en ver la luz. De lo que dice y hace hablan estos, para ellos ejecuto mi instrumento.

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