Al quinto día del invierno,
apareció un hombre que paseaba por
los montes. Pisaba la hierba antes
de partirla y devorarla. Arrancaba los
árboles con las manos y movíalos
parte a parte,
hoja a hoja los sacudía
al compás del viento.
Por las noches se acercaba
al río y sentado en las piedras
miraba largo rato,
toda la noche,
larga la noche,
esperando el amanecer de los
pájaros y de los niños.
Javier Heraud
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