sábado, 15 de mayo de 2021

Teoría de la historicidad. Mariano Álvarez Gómez.

 Esto nos lleva a su vez a la tercera consideración relativa a la influencia que la historia como narración, por más lograda que esté, puede tener sobre la vida, teniendo en cuenta que tal narración carece de vida ella misma. De los discursos, que como los de Pericles reflejan un estado de ánimo colectivo, se podrá decir que tienen un carácter muy limitado y selectivo, pero responden al espíritu de una época determinada. Los conocimientos que proporcionan de la historia son abstractos, si se los compara con los conocimientos, en su mayoría problemáticos, de los que la memoria se muestra convencida, en parte porque los identifica con la vida de la que es portadora y que cree representar legítimamente. Esta tercera consideración, unida a la segunda, nos coloca ante lo que son diferencias generacionales. A medida que el pasado se distancia, deja de ser un contenido de la memoria, pero esto ocurre de una forma desigual para unas generaciones y para otras. Para aquellas generaciones, que no han tenido nada que ver con la Guerra Civil española, ni de forma directa ni de forma más o menos próxima, las narraciones provenientes de quienes todavía tienen aquellos acontecimientos en su memoria tienen que tener un significado diferente del que es característico de la vivencia o del testimonio inmediatos. Aquí es donde la historia, no politizada o ideologizada, sino comprometida con la verdad y la objetividad estrictas - por más difíciles que sean de lograr - puede ejercer una función terapéutica muy saludable.

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