martes, 18 de mayo de 2021

Las almas del purgatorio

 De este modo, Úrsula «negó» su carne vistiendo un cilicio y ayunando cuando sus guías espirituales le decían que lo hiciera, incluso cuando se sentía débil y frágil. Ella sabía que muchas místicas comenzaron a torturar su carne a tierna edad: por ejemplo, una descripción impresa de Mariana de Jesús (1618-1645), a quien se conocía como la «Azucena de Quito», dice que cuando niña llevaba una pesada cruz a su espalda, la cual constantemente le hacía caer (Espinosa Polit, 1957). De modo que al igual que otras místicas, Úrsula se sometía a sí misma a tareas degradantes y pesadas. En la enfermería cuidaba de los pacientes más contagiosos y físicamente repulsivos, ofreciéndose a lavar las ropas infectadas, y limpiaba el desagüe248. Ella era ciertamente consciente de que Rosa de Lima, su contemporánea, echó cal en sus manos después de que alguien admirase su tersa belleza. También estaba familiarizada con otros actos de auto-mutilación descritos en el Flos sanctorum, o llevados a cabo por las monjas de su comunidad. Pero estas prácticas fundadas en el supuesto de que el cuerpo femenino era corrupto, pecador y débil no encajaban bien con la noción que Úrsula tenía del mismo y de la feminidad249. A diferencia de las «privilegiadas» visionarias blancas contemporáneas, Úrsula no buscaba activamente definirse a sí misma como pasiva y frágil, pues su noción del cuerpo femenino (y de la feminidad) jamás suscribió plenamente este modelo dominante (MacLay Doriani, 1991, pp. 203-206).


Las almas del purgatorio: El diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús, una mística negra del siglo XVII

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