lunes, 5 de abril de 2021

 Lo mismo que muchas otras plazas fuertes que cayeron en las Guerras Púnicas,

Arpi fue tomada mediante la traición y la astucia. En esos mismos años, Aníbal

consiguió algunos éxitos un poco por todas partes, y haciendo uso habitualmente de

los mismos métodos, pero fracasó en sus repetidos intentos por conquistar Nola, que

se encuentra en el límite de la llanura de la Campania. Los romanos eran despiadados

en sus ataques a los aliados que se habían rebelado contra ellos, pero sus

comandantes prestaban suma atención por volverse a ganar la lealtad de los

aristócratas italianos desafectos antes de comprometerse con el enemigo. En Nola,

Marcelo recompensó y no se cansó de elogiar la bravura de Lucio Bantio, que había

sido hecho prisionero en Cannas y liberado como parte del plan de Aníbal para

ganarse a los italianos. Fabio puso también mucha atención para conservar la lealtad

de los aliados que estaban con él, recompensando, por ejemplo, a un soldado de

Marsia, que se creía que estaba planeando desertar, y manifestando públicamente que

las hazañas de ese hombre se habían pasado injustamente por alto con

anterioridad⁠ [12].


***


Aníbal estaba particularmente ansioso por hacerse con un puerto. El rechazo romano

a aceptar la derrota después de Cannas y la continuada lealtad mostrada por la

mayoría de sus aliados habían puesto de manifiesto que la guerra no se ganaría

rápidamente. En su lucha por controlar los pueblos y las ciudades fortificadas de la

Italia meridional, Aníbal se encontraba en creciente desventaja a medida que los

romanos iban movilizando más y más soldados. Su principal ejército permaneció

invicto en cualquiera de los encuentros serios que había mantenido, y repetidamente

lo conducía contra las fortalezas leales a Roma, esperando forzar su rendición o

descubrir una manera de conquistarlas. Los ejércitos romanos se mantuvieron en las

zonas más elevadas próximas a los Apeninos, tan lejos como les era posible, y

evitaban las llanuras donde la superioridad de la caballería cartaginesa era

indiscutible. Los comandantes romanos presentaban batalla solamente desde

posiciones defensivas fuertes, que raramente los cartagineses deseaban atacar. En los

terrenos de monte bajo situados alrededor de lugares tales como Benevento o Nola

era difícil librar una batalla decisiva. Las llanuras abiertas no acostumbraban a ser

suficientemente amplias como para desplegar ejércitos numerosos y siempre se

encontraba un terreno más elevado al que el bando derrotado podía retirarse y donde

poder recuperarse. Incluso un general de la genialidad de Aníbal no podía obligar a

un enemigo que se negara a ello a presentar batalla en campo abierto en esa clase de

terreno, y era preciso que su ejército se mantuviera concentrado si quería seguir

constituyendo una amenaza para los romanos. Los movimientos de éstos deberían

estar guiados por una extremada prudencia en cualquier lugar por donde pudiera

hacer acto de presencia el ejército enemigo, pero éste solamente podía estar en un

lugar a la vez, e inevitablemente las fuerzas romanas fueron aumentando por todas

partes su agresividad. Carentes de protección los aliados de aquél, se dedicaban a

atacarlos y a asolar sus campos. Las rápidas e inesperadas marchas de Aníbal en esos

años mostraron toda su conocida genialidad y la continuada eficacia de su ejército,

pero ni siquiera así podía superar por entero la enorme superioridad numérica del

enemigo.


***


Rápidamente se fueron propalando rumores por Cartago, y una multitud nerviosa

rodeó a los embajadores cuando entraron en la ciudad, y esperó en el exterior

mientras informaban al Consejo de los Ciento Cuatro. La exigencia romana se

rechazó de plano inmediatamente. Fueron linchados algunos hombres que habían

estado defendiendo la conciliación con Roma, lo mismo que les sucedió a todos los

comerciantes italianos que, para su desgracia, se encontraban en la ciudad. Los

Ciento Cuatro votaron a favor de declararle la guerra a Roma y comenzaron los

preparativos para conseguir los medios con que llevarla a cabo. Los esclavos fueron

liberados y se les alistó en el ejército, al tiempo que Asdrúbal era indultado y se le

enviaban mensajes suplicándole que viniera en ayuda de sus desagradecidos

conciudadanos. Se le entregó el mando de la propia Cartago a otro Asdrúbal, hijo de

una de las hijas de Masinisa, lo que demuestra una vez más los estrechos vínculos

existentes entre la nobleza cartaginesa y la númida. Por una vez, los ciudadanos

púnicos se lanzaron todos a una y poniendo en ello todo su coraje a contribuir al

esfuerzo de guerra. Se fabricaron armas a toda prisa, las mujeres sacrificaron sus

largos cabellos para convertirlos en las cuerdas necesarias para hacer funcionar las

catapultas⁠



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