miércoles, 14 de abril de 2021

TOMO IV / VOL. X

 Para las fiestas del 16 de julio, los maleantes y los políticos indios recolectaron una enorme cantidad de leña. La víspera, en redor de la fogata, bailé con los maleantes y los indios. El corazón de chacal del gobernador Pantoja –que murió asesinado en su misma gobernación– se conmovió y dispuso que de algunas latas de alcohol que nos decomisaba, se preparasen “yungueños”; (jugo de naranja mezclado con alcohol). Imploré que a los músicos y a los maleantes se les invite un par de vasos… Tal era la debilidad, que todas estas almas se embriagaron… Cantaban, lloraban y bailaban… Un maleante, alto de cuerpo, inteligente, me pidió bailar con él. Me agarré de su brazo, y dimos vueltas a la fogata. “No haga –gritaban los presos políticos– está lleno de piojos y tiene chancro…” Seguí bailando con el “Oso”. Uno de aquellos días el “Oso” se perdió; se hizo nigua. Todos los soldados, el personal de la gobernación, los colonos, los políticos, y los maleantes, buscamos por toda la isla; no lo hallamos… Había cavado una cueva en medio de carahuatas (planta de enormes hojas bordeadas de espinos venenosos); robando un cordero se metió en su escondite… Cuando terminó de devorarlo, y sintió las mordeduras del hambre… dejó la cueva; y se presentó en la gobernación… Fracasé en la defensa que hice… Y mi amigo “Oso” fue conducido al son de una marcha fúnebre, ejecutada por la banda de zampoñas. En Huinchink’a, con los ojos vendados fue fusilado.


Fausto Reinaga

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