Las observaciones precedentes sobre Galileo y el telescopio plantean un serio
problema epistemológico. ¿Por qué preferir las observaciones a través del telescopio a
las observaciones a simple vista? Una respuesta a esta pregunta podría utilizar una
teoría óptica del telescopio que explique sus propiedades de aumento y que también
tenga en cuenta las diversas aberraciones a que se puede esperar que estén sujetas las
imágenes telescópicas. Pero el propio Galileo no utilizó una teoría óptica con ese
propósito. La primera teoría óptica capaz de proporcionar apoyo en este sentido fue
formulada por el contemporáneo de Galileo, Kepler, a principios del siglo XVII y esta
teoría fue perfeccionada y aumentada en las décadas posteriores. Una segunda manera
de encarar la cuestión de la superioridad de las observaciones telescópicas sobre las
realizadas a simple vista es demostrar la efectividad del telescopio de un modo práctico,
enfocándolo hacia barcos, torres, etc., distantes, y demostrar cómo el instrumento
agranda y hace los objetos más fácilmente visibles. Sin embargo, existe una dificultad
en este tipo de justificación del uso del telescopio en astronomía. Cuando se ven a
través del telescopio los objetos terrestres, es posible separar el objeto visto de las
aberraciones producidas por el telescopio debido a la familiaridad del observador con el
aspecto que tiene una torre, un barco, etc. Esto no sucede cuando el observador
escudriña los cielos sin saber qué busca. En este sentido, es significativo que el dibujo
que hizo Galileo de la superficie lunar tal y como la vio a través de un telescopio
contenga algunos cráteres que de hecho no existen. Probablemente, esos “cráteres" eran
aberraciones resultantes del funcionamiento de los telescopios galileanos, que distaban
mucho de ser perfectos. En este párrafo se ha dicho lo suficiente para señalar que la
justificación de las observaciones telescópicas no era una cuestión simple y directa. Los
adversarios de Galileo que cuestionaban sus descubrimientos no eran todos
reaccionarios testarudos y estúpidos.
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