Así es como se opone en Spengler la cultura a la civilización, «el estado más artificial y más externo del cual la humanidad es capaz», como lo dinámico a lo estático, el devenir a lo devenido (rigor mortis), el interior al exterior, lo orgánico a lo mecánico, lo naturalmente desarroll�do a lo artificialmente construido, los fines a los medios, el alma, la vida, el instinto a la razón y a la decadencia. Las oposiciones fundamentales sólo resisten, como se ve, cuando se apoyan las unas sobre las otras como un castillo de naipes, a través de analogías definidas de modo muy vago. Es suficiente tratar de poner una aparte para que se derrumbe todo el edificio. Cada pensador produce su propia serie a partir de los esquemas primitivos y de las equivalencias prácticas que los sostienen: 38 utilizando la oposición de las matrices en su forma primaria, como Spengler, o bajo una forma más elaborada, desconocible frecuentemente, como Heidegger, que substituye a ésta, mas en la misma función, la oposición entre el «pensamiento esencial» y las ciencias, él puede engendrar, al azar de las oportunidades o de los contextos, unas aplicaciones que la buena lógica conduciría a juzgar contradictorias, aunque se justifican en la lógica de las equivalencias entre las oposiciones prácticas que fundan las sistematizaciones parciales.
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Pierre Bourdieu
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