sábado, 20 de marzo de 2021

Obras IX. Literatura y fantasía

 Las figuras femeninas de Shakespeare se presentan, en su gran mayoría, en un contraste buscado con las masculinas. También aquí se dan naturalezas animales como la mala compañía mujeril del Enrique IV, Cressida y la nodriza de Romeo y Julieta. En sus mujeres ideales, Julieta, Desdémona, Ofelia, Imogena, Miranda y Cordelia, domina la sensibilidad, la entrega y la conducta pasiva frente a la fuerza masculina, en las que el pensamiento independiente, los principios, lo mismo que la facultad de moldear la propia vida quedan totalmente postergados. Forman una jerarquía que parte de Julieta —en quien respira lo impulsivo como el fuerte aroma de una flor meridional, cuya pasión aparece en un momento y todo lo somete, y desata en ella la fantasía y no el pensamiento claro— hasta las figuras de Miranda, Hermione y Cordelia, libres de la vida de impulso y como sumergidas en un éter de pureza. A ellas se unen, emparentadas por la belleza de la naturaleza, pero representando otro tipo, las mujeres en las que domina una conciencia clara y segura de su posición y de su participación en la vida real del hombre. Una naturaleza de este tipo, aunque con el añadido de la limitación y del humor es Lady Percy, pero el ideal de este tipo femenino lo dibujó Shakespeare en la mujer de Bruto, la noble Porcia. Ésta pertenece al mismo mundo de su ideal romano varonil. Éste su más alto ideal de poder vencedor de la voluntad y del pensamiento lo ha expuesto también en una figura femenina, la Porcia de El mercader de Venecia. También hay hembras de poder. Sobre todo en sus dramas históricos hay también mujeres de poder al lado de los héroes y de los criminales políticos. Su figura femenina psicológicamente más interesante es Cleopatra, pantera en que se albergan todos los instintos de la sensualidad, del afán de poder y de la inconstancia bajo las formas más suaves.

Dilthey.

Pag 96 


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