Si se observa con atención, la intervención de la lectura en la enseñanza gramatical es para nosotros un paisaje intelectual insólito, comprensible sólo en la medida en que se tenga presente el vínculo entre la escritura y la voz. En efecto, la gramática como conocimiento es indisoluble de la escritura, porque haciendo visibles y permanentes los fugaces sonidos lingüísticos, permite concentrar la reflexión en esos hechos. Por eso los sofistas, que fueron los testigos originales de esa innovación, son también los primeros que manifestaron intereses literarios. No se debe al azar que el término grammatik aparezca en Platón, el primer gran escritor en prosa de Occidente, y que la consolidación de la disciplina se haya llevado a cabo en el periodo helenístico, en el momento de mayor desarrollo de la cultura del libro y de los escritos convertidos en canónicos durante la Antigüedad. Para los antiguos, la gramática es la ciencia de las letras y los textos, y no la hay, como no sea la de la escritura. Pero, simultáneamente, para ellos la gramática no es únicamente una ciencia de la lengua mediante su representación gráfica, sino una ciencia de lo escrito en la medida en que remite a la lengua oral. La gramática antigua es una ciencia de lo escrito, pero no se reduce a filología (o a la gramática en sentido moderno) , porque a los griegos y a los latinos la escritura les interesa fundamentalmente por su relación con el habla, con la palabra pronunciada.95 Un vínculo entre la gramática y el sonido es perceptible cuando Platón hace decir a Sócrates: "saber qué cantidad y qué cualidades tienen los sonidos, es lo que nos hace a cada uno de nosotros, gramático".96 La misma relación se encuentra cuando Aristóteles afirma en la Metafisica: "a todo género que es uno le corresponde una sensación y también una ciencia: así, la gramática, siendo una ciencia, estudia todas las voces articuladas"Y En ambos casos, la gramática es concebida en términos de lenguje hablado, sin mención a la escritura, aunque ésta se encuentre implicada en el nombre mismo: "ante las letras". Éstas no son únicamente consideraciones anteriores a la formación de la disciplina: el primer tópico discutido en las artes grammaticae, de Donato, Diómedes o Prisciano, inmediatamente después de las definiciones preliminares, es el de la vox, la expresión, el habla. Todos ellos afirman de manera explícita que la gramática tiene como objeto la vox articulata, definida como aquella que puede ser puesta por escrito, cuyo modelo se encuentra en textos canónicos como la Eneida. El término articulata deseaba concentrar la tarea de la gramática en los textos literarios, pero de hecho conducía al habla humana en general. Los t:iemplos de su opuesto propuestos por Diógenes, la vox inarticulata, son los sonidos que emiten los animales: Jos relinchos del caballo, los gruñidos de un cerdo y, según Prisciano, ahí pueden incluirse los silbidos o los gemidos humanos, lo mismo que el croar de las ranas o el mugido de la vaca. Resulta entonces que la vox artirulata litterata no es más que la representación escrita de las expresiones lingüísticas, es decir, aquellas que, mediante sonidos articulados, poseen un significado. Dicho brevemente, la gramática antigua concibió al texto como representación escrita del habla humana. Por eso, al reanimar la voz que estaba contenida en el escrito, la lectura vocalizada cerraba el círculo y colocaba al texto entre dos oralidades, pues había sido dictado y luego leído en voz audible. La parte correspondiente a la lectio era la reanimación de esos significantes, temporalmente silenciosos pero visibles en el lógos, en vox artirulata. La actividad del gramático era reconstruir la léxisde origen, es decir, el enunciado verbal representado en las grammata, pero oculto hasta el momento en que era reconstruido por el lector. Por eso, a pesar de la insistencia de los gramáticos en concentrarse en el escrito, un texto era siempre un texto listo para ser leído y no sólo algo que preexistía a su producción vocal.
pag 114 -115
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