Todo en literatura es terreno de la realidad. La fijación por la palabra, aun del nodo vibrátil y huidizo, y aun hermético, con que ocurre a veces es por si misma invención de la realidad. Y no puede ser de otra manera, ya que el hombre solo puede actuar desde ella, y solo a ella dirigirse. A los artistas se les llama justamente creadores, siempre que rebajemos el termino al nivel que le corresponde; es ridículo pretender simular una "divinización" como a veces ha ocurrido, ya que el hombre solo puede crear desde lo creado. Carlos Bousoño lo acaba de formular con máxima lucidez en su excelente libro El irracionalismo poético: la poesía no empieza donde acaba la realidad, la poesía nunca es irreal; el verdadero arte, aún el mas irracional, nos comunica siempre una emoción y toda emoción implica obligadamente una interpretación del mundo.
Yo parto de mi poesía de la persona que soy, y de lo que la rodea, y trato de conocer por medio de la escritura una realidad que existe y que aun no se. Unas veces, para escribir el poema hago pie en una experiencia determinada, cuyo ultimo sentido se me revelara el la escritura, y por el que me llegará un conocimiento una profundización en lo incognito. En otras ocasiones la realidad de la que parto será una emoción oscura, informulada, que me urgirá a su desvelamiento, a la claridad de la palabra, y es posible que me obligue a servirme de una anécdota en principio poco relevante y con la que no contaba previamente. Otras veces se pretende la difícil hazaña de hacer pervivir espectralmente lo temporal la dicha o el dolor de un determinado momento; es el afán fracaso de sobrevivirnos precariamente a nosotros mismos, de salvar la emoción de la vida. Muy rara vez la realidad de la que parto, ya sea experiencia o emoción, es de índole exultante, de felicidad o alegría. Soy un poeta y lo excepcional es encontrar lo opuesto, que parte del dolor o de la melancolía, o de la queja que le concierne al hombre. O del Asombro expectante, y canta el mundo como un bien que se nos habrá de quitar. Mas que cantico hay elegía. Nada excepcional, en cuanto al punto de partida, puesto que la mayoría de los poetas asumen mas la tristeza que la alegría humana. Quizás porque cuando se da esta, desechan muy cuerdamente las palabras y se dedican a vivirla con toda intensidad.
FRANCISCO BRINES.
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